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miércoles, 27 de febrero de 2008

UN PARÉNTESIS

Perdonad mi ausencia. Me veo obligado a hacer un pequeño paréntesis en el desarrollo de este blog por culpa de un problema de salud familiar. Al parecer, la mala suerte sigue cebándose en mi familia, así que por un tiempo indeterminado apenas podré dedicar tiempo y atención tanto a vuestros blog, como a escribir en este.
Prometo volver en cuanto me sea posible, con nuevas historias que contar. Un saludo a todo el mundo y gracias.

sábado, 16 de febrero de 2008

CAPITULO IV ÚLTIMA PARTE Y FIN

FINAL DEL RELATO

Te entregué este avance, esta misiva en mano. No me atreví a confiarla al correo, como si quisiera asumir toda la responsabilidad. Tu respuesta no se hizo esperar. Sostuve heroicamente tu mirada encendida y mi recompensa fue el interés que leí en tus ojos.

  • ¿Es un folleto de instrucciones? – Me preguntaste con amabilidad.

  • Muy incompleto... – respondí.

  • Entonces, espero la siguiente entrega con impaciencia –dijiste.


Entonces supe a ciencia cierta que escribiría esto para ti.


Pero la recompensa no terminó ahí. Recuerdo que al principio, antes de leer la carta, te mantuviste reservada conmigo, casi hostil. Hablabas mucho, gesticulabas y te reías. Me gustaba la manera en que expresabas tu timidez, que yo conocía de sobra, mientras decidías la mejor manera de actuar a continuación.


Iniciamos un jugueteo que no tenía más objeto que el de romper el hielo de la distancia que nos había tenido tanto tiempo separados. Me tomaste en tu boca y yo hice lo propio. Yo experimentaba un doble placer, en cierto modo muy ambiguo: el de comerte y el de ser chupado a la vez. Tu sexo no estaba como de costumbre. Tenía la misma forma, la misma consistencia y el mismo poder evocador, y también reaccionaba con los mismos sobresaltos a los cosquilleos de mi lengua, pero tenía otro sabor, otro modo de retorcerse entre mis dientes... quizá otra saliva... no sé, y no me importa. Lo importante es que estamos aquí de nuevo.


De repente, deseé tu placer más que el mío y me retiré de tu boca por un momento, tú permaneciste lo suficientemente accesible como para permitirme acariciarte por debajo de la falda. Sentí la dulce suavidad de tus muslos al rozarlos. Mis manos comenzaron a recordar, al mismo tiempo que las redescubrían, las redondeces femeninas, sus atractivos, la elasticidad de una piel entre sedosa y aterciopelada, la calidez dócil y moldeable de los tejidos delicados, la humedad turbadora de cierto valle...

Permaneciste de rodillas, de espaldas a mí, pero me facilitabas la tarea con multitud de detalles, separando los muslos, arqueando la espalda y ofreciéndote por completo a mi caricia, mientras me prodigabas las tuyas.


Comencé a quitarte la ropa. La falda cedió sin problemas, y te retorciste para que pudiera alcanzar tus bragas. Como aún hacía calor, llevabas las piernas desnudas e ibas calzada con unas encantadoras sandalias que iluminaban con un vivo destello la zona inferior de tu cuerpo, totalmente descubierta. Lo que más destacaba era tu culo, enormemente excitante, redondo, insinuante y provocador. Me estreché contra ti por detrás y te enlacé por el talle. ¡ Que caliente estabas! Respondías a mi presión acercando aún más las nalgas; mis manos comenzaron a recorrerte en una danza deliciosa, cuya coreografía se debía más a la intuición que a la técnica, se deslizaron bajo tu camiseta, que llevabas directamente sobre la piel, sin sujetador, encontraron tu pecho, lo aprisionaron, lo tantearon y lo acariciaron. Tus pechos estaban muy duros, puntiagudos... ¡ y cómo se estremecían! Sentía que tus pezones se endurecían bajo mis dedos y se movían al mismo compás; comencé a rozarlos muy suavemente con la palma de las manos abierta. El placer fue absolutamente compartido: aquel cosquilleo en el hueco de mis manos se tornó tan sugestivo y turbador que comencé a sentir una inmensa sed de ti. Me deslizaba por tu cuerpo como si se tratara de una guitarra, de un instrumento sensible que vibrara soberbiamente bajo los dedos de un músico enamorado. Dejé tus pechos para ir al encuentro de tus caderas y tus nalgas. De redondez en redondez, iba abandonándome... ¡Ah! La intuición, en efecto, prevalecía sobre la técnica... Sin embargo, a partir de aquel momento la intuición fue reemplazada por mi propio deseo, un deseo loco de poseerte, de saciarte, de seducirte, de hacerte gozar.


Te levantaste; tenías un aspecto extraño... No me dejaste acercarme a ti mientras te ponías el vestido negro al que hacía alusión en mi carta. Cuando terminaste, hiciste una picardía que sabes que me encanta, levantarte el vestido para dejarme ver tu sexo, hoy desmesuradamente abierto e hinchado.

  • ¡Mira! –Dijiste.

  • ¡Mira tú también!


Hacia mucho tiempo que estabas acostumbrada a obedecerme.

Y miraste, reconociéndote en el espejo. Intentaba repetir el juego que descubrimos en aquel recordado viaje. ¡Que delicioso tormento sorprenderse así, en el propio desenfreno! ¿Quién inventó los espejos? ¿Quién fue el primero al que se le ocurrió la idea de descubrirse, de gozar de su propia imagen, de masturbarse ante el espejo, de joder con su reflejo? Desde Narciso, en todos los burdeles hay espejos, y aquel día descubrimos la razón, al saborear el doble placer de actor y espectador, el goce turbador de contemplar una película guarra cuyos protagonistas somos nosotros.

Te deseaba, te deseaba intensamente, quería tomarte, masturbarte, comerte y beberte, descubrir tu sabor y tu olor más íntimos, y suscitar en tu vientre una oleada de placer. Así que comencé a acariciarte de nuevo con la intención de hacerte perder de nuevo el control.


El líquido fluía bajo mis dedos como si manara de una fuente, mientras tus rodillas se iban separando poco a poco para facilitar mis exploraciones. Te acariciaba con las dos manos, profunda y concienzudamente. Te abría como se abre un fruto jugoso en pleno verano, vagaba de un extremo a otro de tu hendidura y, al pasar por tu culo, sentía su llamada palpitante bajo mis dedos: ése sería el camino de mi sexo hoy. Te incorporaste un poco y cambiaste de postura – ya no estabas de rodillas, sino en cuclillas -, y entonces me resultó más fácil penetrarte, en profundidad y simétricamente. Introduje al mismo tiempo los dos índices en tu coño, que resbalaba como si estuviera untado de aceite, y los dos pulgares en tu culo, que se ofrecía con descaro. Estabas caliente por dentro y por fuera, ardiente, deliciosa y excitada al máximo. Me entretuve pellizcando y tanteando el elástico tabique que separaba mis dedos, los cuales se deslizaban por tu culo con regularidad y firmeza, y recorrí tu vagina con movimientos circulares infinitamente lentos y suaves.

Mis manos, que se movían con una inteligencia frenética, te sostenían por completo, pues las fuerzas te abandonaban a medida que el placer te iba invadiendo y apenas podías apoyarte en el espejo que reflejaba nuestra doble imagen. Sin embargo, en aquel momento yo era más fuerte que Atlas, y el fardo que reposaba en mis brazos, más importante que todo el universo. La mujer del espejo realizó unos movimientos rápidos y verticales, como el galope de un caballo de tiovivo, y yo puse todo mi empeño en acompañarla en su éxtasis, sosteniéndote con fuerza. Luego se quedó inmóvil, tensa, rígida, en la cima del goce que acababa de proporcionarle.


La belleza de aquel rostro tenso del espejo desencadenó mi reacción, violenta y apresurada... me sentía celoso de mi propia imagen en el espejo, así que te cogí por la cintura y te senté encima de mí, buscando la puerta secreta que tan fácilmente había holgado en aquella ocasión.


Tus muslos, totalmente separados, me revelaban el turbador espectáculo de nuestra unión reflejada en el espejo. Veía mi dardo hundido en ella, mis testículos ligeramente aplastados bajo sus nalgas y su sexo abierto, tornasolado por la oleada que acababa de anegarla, nacarado, brillante, fluctuando entre el rojo oscuro y el rosa más tierno. Observé fijamente tu imagen, loco de alegría; hubiese deseado que mi mirada te quemase, y sin duda era así, ya que mantenías los ojos obstinadamente cerrados.


Hice que te giraras y cambiamos de posición, necesitaba contactar con esos ojos que me estaban volviendo loco de angustia por hurtarme el placer de compartir el tuyo. ¡Señora! Es de muy mala educación no mirar a la gente a la cara. Es de muy mala educación y, además, muy estúpido, pues, en determinados momentos, no hay nada que resulte más delicioso que la vergüenza. Vamos, amor mío, abre los ojos y mira cómo te miro. Te hago el amor sólo con la mirada. Lee en mis pupilas y en mi rostro lo que siento ahí, a menos de un metro de mi cara. Descifra mi turbación y mi deseo, mi voluptuosidad al contemplarte así, como una mujer lúbrica y con todos sus secretos al descubierto. Tu herida es profunda, neta y precisa. El vello que la rodea la destaca sin protegerla. Me sé de memoria todos los pétalos de tu flor, la espuma de tu concha; siento tu clítoris erguido y exacerbado sin necesidad de tocarlo. Te exploro, te desmenuzo, te saboreo, te ansío sin escrúpulos... Te veo ensartada por el macho, te veo apretar el culo sobre mi columna... y el jugo que escapa de ti moja poco a poco mis cojones... Al contemplar este espectáculo olvido las dimensiones de la realidad, me sumerjo en un universo fabuloso donde la vida no es más que un apareamiento, en un universo mítico, milenario y antediluviano. Me siento hipnotizado por el placer de nuestras nupcias: mi corazón y mi sexo laten al unísono, al ritmo de esta danza tan vieja como el mundo. ¡Mírame! Eres una hermosa hipócrita que se la deja meter, que se deja poseer y ni siquiera se atreve a levantar la mirada. Tienes el coño abierto de par en par y los ojos cerrados en nombre de un viejo pudor. Si me miraras, si te atrevieras a abrir los ojos ante el humilde testigo y partícipe de este maridaje íntimo y cautivador, te besaría. ¿ Me oyes? Te besaría y arrastraría conmigo con más rapidez e intensidad de lo que nunca hayas vivido.


Un ligero parpadeo resultó suficientemente tentador para interpretarlo como una rendición. Posé mi boca en la tuya y bebí del manantial. Estabas apetecible como un melocotón, tibia, jugosa y perfumada. Olías a mujer y a hombre a la vez, y abracé los dos sexos en el mismo beso, arrastrándote con mi orgasmo, que más parecía una explosión.

Traté de alcanzar tu vagina para disfrutar de tus contracciones con uno de mis dedos a la vez que con mi sexo, y me dí cuenta que el camino estaba ocupado. ¡ Estaba dentro de ti, pero no por el camino que yo había elegido! ¡Acababa de correrme allí donde nuestro mutuo placer podía producir fruto!

Creo que mi voz dejó traslucir el terror de aquel descubrimiento. Y aunque tu reacción fue inmediata, no te separaste de mí; permanecimos abrazados en una paz tácitamente firmada, como si supiéramos que aquella ocasión, pese a reunir todas las condiciones favorables para que fructificara nuestra unión, no sería la elegida para que dicho fruto madurase. Me extrañó un poco que tu reacción no se exagerara como de costumbre. Casi me atrevería a asegurar que... ¡ Te complacía esa situación!

Creo que pocas veces te he amado como en aquella ocasión...


lunes, 4 de febrero de 2008

PONIENDO EN SU SITIO A DON QUIJOTE

Hago un alto en la publicación de mis relatos para hacer algo en lo que no suelo emplear estas líneas, que es comentar sobre política.
Los que me han leído en alguna ocasión, o aquellos que sufren mis comentarios en sus blogs, habrán podido observar, por poco atentos que hayan sido, que como toda persona medianamente culta y aficionada a la Historia, cojeo del pie izquierdo, pues no se puede contemplar el pasado sin ponerse del lado de los más débiles, ni entender los grandes movimientos históricos sin ocuparse de las razones económicas que los causaron. Todos estos circunloquios son para decir que soy votante de izquierdas convencido. Pero de izquierdas izquierdas, no de esos que se llaman socialistas y hacen políticas de centro o de derechas para afianzarse al poder.

Sólo en una ocasión estuve tentado de votar al partido socialista. Más que nada, porque me impresionó la llamada que Alfonso Guerra, uno de los hombres más inteligentes que he tenido ocasión de conocer en persona, hizo durante una campaña para parar a las fuerzas de la derecha. Por suerte, en el último momento, recuperé la cordura y voté en conciencia, en vez de empujado por el miedo (aunque he de reconocer que después me he preguntado en muchas ocasiones si no hubiera sido mejor hacerle caso).

Con estos antecedentes por delante, no creo que nadie piense o sospeche que me guía un claro favoritismo hacia el partido político en el poder. Máxime cuando siempre me he declarado víctima de la política económica de dicho partido, que pretendiendo favorecer la creación de empleo, destrozó el panorama laboral con sus subvenciones a los contratos eventuales, cuyas consecuencias hemos sufrido muchos de los de mi generación y los que posteriormente accedieron al mercado de trabajo.

Pero, aunque siempre se ha dicho que los enemigos de mis enemigos, son mis amigos; no puedo por menos que declararme en contra de la invasión por parte de la jerarquía de la Iglesia Católica en el panorama político. Me declaro en contra de que esos sinvergüenzas, vagos y parásitos (léase cardenales, obispos y arzobispos) y demás categorías eclesiásticas se dediquen, en democracia, a manipular votos y a favorecer a una opción política sobre otra. Por varias razones.

La primera y más importante, es porque nada legitima a una organización que se ha dedicado a lo largo de su historia a mentir con todas las armas a su alcance, a publicitar ante todos sus fieles que ellos son los poseedores de la verdad. Voy a ser justo: es posible que, ciertamente, conozcan la verdad, pero desde luego, no han hecho partícipes de ella al resto de la humanidad a lo largo de su existencia. Muy al contrario, se han dedicado a ocultarnos los datos históricos y a manipular ésa verdad a su favor, siempre que les ha apetecido o les ha interesado. Y lo siguen haciendo en la actualidad.

Que estos sinvergüenzas de la Conferencia Episcopal pregonen que no se debe votar a los que pactan con ETA, cuando han sido muchos de sus miembros los que han dado cobijo a los terroristas, han protegido a sus dirigentes y han favorecido la creación de dicha banda de asesinos, es, no ridículo, no: es esperpéntico. Porque, para los que no lo sepan, ETA nació bajo las togas de la iglesia de Euzkadi. Y muchos de los que hoy proclaman con la boca llena de humanidad que la vida es lo más importante, financiaron y enseñaron, en su día a los dirigentes terroristas, para obtener el favor de las familias dirigentes de la zona, que eran las que tenían el dinero que ellos pretendían.

No se lleven las manos a la cabeza, no. Creo recordar que al menos uno de los miembros de esa Conferencia Episcopal era, en 1959 uno de los impulsores de la escisión de ETA del PNV. Y otros de sus miembros hasta hace menos de diez años, eran de los que decían que había que entender el odio de la organización criminal y perdonar a sus miembros... y, por supuesto, respetar a los presos de ETA, que tenían todo el derecho a proclamarse presos políticos... Así, sin vaselina...

Voy a hacer un inciso, y así me desahogo del todo. Hace unos días leí una cosa que me encantó en uno de los blogs en los que caí casualmente. Un antiguo jugador de rugby explicaba, a propósito de la detención de Portu y Sarasola, y de la denuncia por supuestos malos tratos, que cuando uno juega a rugby debe entender que los que están fuera de juego no existen; es decir: el jugador que no respeta las leyes del juego, no puede esperar justicia, puesto que para el resto de los jugadores que sí las respetan no existe. Así, si tú te colocas delante del balón, no esperes que el árbitro sancione a los jugadores que te pisan la cabeza o te meten un par de buenos puñetazos para que retornes a tu sitio. Al colocarte delante del balón dejas de existir para los del equipo contrario, para tus compañeros de equipo y para el árbitro, así que pueden pasarte tranquilamente por encima, o como me pasó a mí, morderte y arrancarte un trozo de carne, que sigues sin contar para nadie, y por tanto, no tienes derecho a reclamar. Vuelve a tu sitio, respeta las reglas y luego reclama lo que quieras, pero dentro de la ley.

Vuelvo al tema principal. Dejando a un lado lo que cada uno opine sobre la banda terrorista y sus motivos, no me parece coherente que por oportunismo político, hoy defiendas a unos asesinos y mañana crucifiques a quienes tratan de acabar con ellos con los medios que les proporciona la ley. Porque, puestos a ser ortodoxos, y a escuchar a estos hipócritas, no se debería votar a ninguno de los partidos que han formado gobierno en este país; ya que TODOS, sin excepción han pactado con ETA y han tratado de acabar con ella por la vía de la negociación (y por la policial) con mayor o menor éxito.

Pero no se vayan, amiguitos, que aún hay más. Que la organización menos democrática sobre la faz de la tierra, pretenda dirigir nuestras opciones democráticas es ya el paradigma del absurdo. Una organización que debería ser juzgada por crímenes de lesa humanidad, como se suele hacer con los dictadores que acaban derrocados. Una organización que se arrima a quien esté en el poder, sin importar su ideología o los crímenes que haya cometido, por el simple hecho de ser el que manda. Que ha apoyado y apoya en la actualidad los regímenes políticos y las dictaduras más aberrantes. Que sigue siendo la mayor accionista de las más importantes empresas de armamento del mundo. Y que se crean con la fuerza moral de darnos lecciones de convivencia...

Es que no encuentro palabras para definirlos. Embusteros, farsantes e hipócritas se me quedan cortas. Los mismos que protegen a sus miembros aunque hayan cometido crímenes tan monstruosos como violaciones, estupro, pedofilia y abuso de menores, se atreven a darnos lecciones de moral. Que triste...

Y lo peor de todo es la falta de memoria de los que les escuchan. Dan ganas de gritar: "PERO ES QUE SOIS TONTOS O QUÉ".

Y todo por cuatro duros de mierda. Por que, no nos engañemos. Esta reacción, como todas las que tiene la Iglesia, tiene un trasfondo económico, puesto que sólo buscan perpetuarse a sí mismos en el tiempo. Haber pasado del 0.52% de la declaración de la renta al 0.7% no les basta, saben que cada vez más gente se va dando cuenta de su anacronismo y declinan donar su dinero para mantener a tanto parásito como vive en sus filas. Y como en 2007 se llegó al acuerdo de que el Gobierno (es decir, todos los españoles) no volvería a sufragar la diferencia entre lo que recauden con dicho impuesto y lo que necesitan para su mantenimiento... Pues vamos a ver si apoyamos al gangoso y éste nos ofrece algo más de dinerito.

Esta es la triste realidad de la entelequia en que nos pretenden hacer vivir los clérigos. Como dijo uno de los filósofos más importantes de nuestra historia, don Miguel de Unamuno en su obra "Don quijote y Sancho". "Amigo Sancho, con la iglesia hemos topado".

P.D. No, no me he equivocado. El título de este post es de justicia, pues Alonso Quijano dijo a Sancho Panza "Con la iglesia hemos dado", refiriéndose a que habían encontrado la iglesia que buscaban. La otra frase, mucho más famosa y que se refiere a la Iglesia como institución, procede de la fina inteligencia de Unamuno en la obra citada... Por poner las cosas en su sitio, que es lo que corresponde.





P.P.D. Sugiero que busquéis estos vídeos en Youtube y leáis los comentarios de "Acerca de este vídeo". No tienen desperdicio.

martes, 22 de enero de 2008

MIERDAMOTO

Yo, como todo hijo de vecino, tengo mis fobias y mis filias. Nunca se sabe a ciencia cierta el porqué de estas preferencias o aversiones, por mucho que se haga trabajo de introspección. Aunque todos, en aras de la convivencia pacífica, tengamos que tragarnos algunos sapos y culebras para evitar enfrentamientos no deseados o que nos pueden traer más perjuicios que beneficios.

Pero en algunos casos, aunque no sepamos muy bien la razón de nuestras cóleras, éstas están más que justificadas. En mi caso concreto, tengo una tirria a las motos que es que me solivianto en cuanto veo algún tonto de esos que van montados en un mosquito. Entendedme bien: no tengo manía al los moteros, ni mucho menos; más bien todo lo contrario, me parece algo tan romántico y tan meditado por parte de las personas que practican ése deporte, con sus riesgos y sus bellezas, que he de confesar que en más de una ocasión me he planteado comprar una moto y salir por ahí a hacer kilómetros.

Mi grima se reduce sólo a los ciclomotores. Sobre todo a esos proyectos de moto que llevan algunos muchachos jóvenes, sin silenciador, y sin responsabilidad ninguna por su parte, y que me ponen los nervios de punta. Eso de ver por la calle a algún tonto montado en un ruido, me saca de mis casillas tanto, tanto, que en más de una ocasión, cuando pasaban por mi lado, he sentido la tentación de levantar una pierna y meterles el talón en toda la boca, para que dejen de molestar de una puta vez.

Y no quiero ni hablar de buscar aparcamiento en mi barrio... Porque los señoritos son tan chulos que para aparcar una mierda de medio metro de ancho necesitan el mismo sitio que un tráiler... Es tanta la manía que les tengo, que cuando decidí comprar una parcela y hacerme una casa, me aseguré de encontrar un pueblo cercano a mi ciudad donde no hubiera jovencitos con moto. De hecho, la primera nacida y empadronada en dicho pueblo en los últimos 50 años es mi hija, así que...

Pero es más... Cuando el señor juez decida lo que quiera con el problema de mi casa, y esté terminada, voy a comprarme una escopeta bien grande, para si, de repente, deciden hacer reuniones los de los pueblos vecinos cerca de mi parcela, cargarla con balas de sal, y pegarles un susto de muerte... Ya verás qué rápido se buscan otro lugar de reunión.

Porque, por supuesto, no voy a pegarle un tiro a un chico, claro. En el fondo los culpables no son ellos, sino sus padres que les consienten la irresponsabilidad de ir por ahí destrozando los nervios del resto de la ciudadanía, poniendo en peligro a todo bicho viviente, incluidos ellos mismos, y aparcando donde les sale de los huevecillos pelones que están en proceso de maduración.

Una de las cosas que más me gustó de Barcelona cuando viajaba a ella, era ver las motos aparcaditas en la acera. Allí (que me corrijan los que van más a menudo, si me equivoco) hay una normativa municipal que OBLIGA a aparcar las motos en las partes más anchas de las aceras, procurando que no molesten ni a peatones ni a la circulación del resto de vehículos. De esa forma, el espacio disponible para aparcar turismos (y camiones, que cuando viajaba allí era en camión) no se veía mermado por ningún chulo que, esperando a la novia, hacía gala de vespino nueva y jodía el aparcamiento a un par de turismos. Sí, digo un par, no uno sólo.

Y es que cuando estos elementos deciden atracar sus blancas carrozas junto a la acera, se aseguran de colocarla de tal manera que, aparte de ocupar cuatro metros de espacio (y os aseguro que hay veces que no entiendo cómo lo hacen, deben de estirar la carrocería de los mosquitos justo antes de aparcarla, pero de verdad que ocupan la hostia de espacio para lo diminutas que son), dificultan de tal manera aparcar a su lado, que es preferible continuar buscando sitio que intentar ponerlas a continuación. Por que son tan pequeñas, pesan tan poco, que con el roce del aire del tubo de escape se pueden ir al suelo.

Y claro, ahí tienes montada la marimorena en menos que canta un gallo. No sólo aparece el dueño de la mierdamoto, sino también su novia, su suegra, la vecina del tercero, probablemente el sufrido padre que se ha gastado sus buenos sueldos para que su criatura tenga con qué presumir y echarse novia (sospecho que para que se vayan antes de casa), y el bienintencionado enteradillo de turno que "lo ha visto todo perfectamente" desde el sofá de su casa viendo el fútbol... Y, de repente, te has convertido en un criminal que ha destrozado el futuro de un "pobrechico", y que no tiene más razón de ser que putear a la sufrida víctima de la agresión. Porque en ningún momento ha sido un accidente... tiene que haber sido a posta...

Encima que te putean por ocupar mucho más espacio del que les corresponde. Encima que te obligan a realizar maniobras imposibles para colocar un turismo donde siempre aparcas sin mirar. Y encima que tienes aún la santa paciencia de ayudar a levantar la mierdamoto y disculparte ante una colección de granos que no sabe si mata o espanta. Encima. Tienes que aguantar el chaparrón que te viene encima de todo el vecindario y aguantar el estigma de convertirte en un criminal que no sabe aparcar.

Todo ello, claro, si no te da el ataque de furia y coges la mierdamoto y la lanzas por encima de los contenedores de basura, a cuatro metros encima de la acera. En esos casos no aparece ni la Guardia Civil. Aparcas a gusto y encima dejas espacio para que aparque otro coche. Y del dueño, ni señal, oiga... desaparecen como por arte de magia...


martes, 15 de enero de 2008

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA

Ya estoy aquí de nuevo. A pesar de las vacaciones. A pesar de la maldita gripe que me ha tenido cuatro días en el limbo de la fiebre. A pesar del cambio de ordenador y de los ajustes de última hora. Y a pesar de la falta de tiempo; no quiero renunciar a tener al menos un par de horas a la semana para poder escribir aquí y contestar a los pocos que seguís visitando este inconstante sitio. A todos vosotros, gracias por las muestras de apoyo y la constancia que le faltan a este humilde autor.

No puedo prometeros que continuaré escribiendo al mismo ritmo que hasta ahora. Entre los estudios (me he empeñado en aprender lo máximo posible del sistema operativo que ahora estoy utilizando y sacarme algún título de administrador o algo parecido), el trabajo en la fábrica, atender a mi esposa e hija y el mantenimiento de la casa, con sus comidas, sus compras, etc, no creo posible volver al ritmo anterior; más que nada por falta física de tiempo. Por muy bien que me organice, el día seguirá teniendo 24 horas. Así que os ruego paciencia, prometo actualizar tan pronto como me sea posible, nunca antes... jejejeje...

Al lío:

Muchas veces me he quejado, tanto delante de vosotros como en privado, de la atmósfera de incultura que nos rodea, en general. Esa falta de interés por todo aquello que no sea la película hiper violenta de moda, la televisión atontadora o el vídeo juego que convierte nuestros pocos momentos de asueto modernos en horas perdidas a lo tonto y a lo bobo. Y ya vemos los resultados, cada día, en los periódicos o en los informativos: Gente que opina de los asuntos que le preguntan por la calle como si estuviera elaborando un informe sesudo, sin tener ni la más remota idea y sin haberse informado sobre el tema (con lo cual quedan en el más absoluto de los ridículos). Muchachos que se crecen ante la supuesta o pretendida inmunidad que les concede la ley, hasta el punto de apalear a una mujer y después negar con el mayor descaro del mundo su responsabilidad ante los hechos. Ignorancia supina sobre la historia de nuestro pasado más cercano, e incluso una terrible y vacía falta de memoria (no sé si auténtica o provocada) sobre lo que ha hecho fulano o mengano los últimos ocho años, que nos convierte a la minoría que recordamos en enemigos peligrosos; y la mayoría olvidadiza en fácilmente manipulable.

Seguramente pensaréis que estoy mezclando conceptos: No es así. La falta de cultura general deriva en un uso mínimo de nuestras neuronas que, atrofiadas por la inactividad, nos conducen a una suerte de alzheimer colectivo que nos embrutece y facilita la manipulación de opiniones.

Pero no todo es echar la culpa a los demás, no. Yo también tengo que aceptar, al igual que cada uno en su casa, mi parte de responsabilidad en este problema. Tengo que reconocer que soy un puto pedante sabihondo que presume de los temas que domina y no reconoce sus propias carencias. Y eso es más grave que ver la paja en el ojo ajeno. Porque es la vastedad (con uve) de nuestra cultura lo que nos hace mejores personas, más receptivas y más abiertas a las opiniones de los demás. Es lo que dice la famosa frase de "los nacionalismos se curan viajando", cuyo autor, desgraciadamente, no recuerdo.

Mi viga en el ojo ha sido siempre la poesía. Para mi desgracia, nunca he sabido paladearla. La bebo como quien bebe un vino de marca excelente, pero cuyo sabor no le agrada. Más por convencionalismo social que por verdadero gusto. Continuando con la alegoría, prefiero los vinos sencillos y caseros de la novela fantástica (que hasta hace poco apenas podía leer por faltarme una regla imprescindible) que la pesadez del virtuosismo lingüístico y el preciosismo poético.

Y quizá el origen de esta grima literaria tenga su origen en la formación recibida. En la obligación de leer auténticos peñazos poético-depresivos de eminencias literarias como Rubén Darío o Juan Ramón Jimenez. Porque hay una pequeña parte de poesía que sí me gusta. Recuerdo con cariño las primeras poesías escritas en castellano ("Faciendo la via do calatraveño non vi una vaqueira tan fermosa como aquella vaqueriña de la Finojosa"), o la "Canción del pirata" o aquella otra que hablaba de las penas de un prisionero en su celda y la esperanza que le ofrecía un pájaro cada amanecer. Aquella poesía sí me gustaba. Era más sencilla, más auténtica.

Hoy, en cambio, la poesía se ha hecho tan rebuscada, tan críptica, tan personal que apenas puede ser entendida, salvo honrosas excepciones, por su propio autor y cuatro personas muy cercanas al mismo. Es cierto que sigue siendo estéticamente agradable en algunos casos (Esto va por ti Angie); y que es eso lo importante, al parecer... pero sigue siendo para la mayoría de nosotros difícil y pesada. Quizá por eso no es económicamente rentable ni para las editoriales, ni para los propios poetas. Es dificilísimo vivir de la poesía, por no decir imposible. Salvo que además de poeta, aproveches tu sensibilidad artística y aprendas también música.

Porque los poetas modernos, hoy por hoy, si quieren vivir de su arte, han de ser además músicos. Ahí sí hay mercado. Todos conocemos ejemplos vivos de esta especie cuyo éxito no se debe a su virtuosismo con determinado instrumento, sino a la composición poética de sus canciones.

Se me acaban las ideas para escribir, así que os lanzo una pregunta. ¿Cuentan, para descargo de mi propio ego, las canciones que escucho como poesía para cargar mi bagaje cultural?

Malos tiempos para la lírica, como cantaron en su época "Golpes Bajos": Este sí es un buen ejemplo.


lunes, 7 de enero de 2008

YA CASI HE VUELTO

Tras el descanso vacacional, merecido tanto por mi esposa (a la que, por cierto, han despedido hace poco) como por mi mismo; hago intención de volver en breve a estos pagos, si la suerte y la economía me lo permiten. O sea, que me queda un poco para volver a torturar a los lectores de este blog asíduamente... aunque me temo que no será tan a menudo como lo hacía antes de este periodo de reposo, ya que mañana mismo comienzo de nuevo a trabajar (espero que en esta ocasión por una buena temporada, si la espalda me lo permite).

Para poder contaros todas las cosas nuevas que han ocurrido durante mi ausencia de estas líneas, tengo que hacer un poco de historia... bueno, más bien de prehistoria, al menos tecnológicamente hablando.

Mi primer ordenador, un Amtrad, llegó de la mano de mi tío Pepe, que al retirarlo del servicio activo, pensó que podría ser un buen principio para que su ahijada, mi hermana, se introdujera poco a poco en las nuevas tecnologías. Como casi siempre ocurre, aquella pequeña maravilla tecnológica causó furor en mi casa apenas los quince primeros días... nadie sabía cómo manejar aquel engendro excepto para cargar los dos juegos en cinta (sí, sí, en las cassettes antiguas) que habíamos heredado de aquel familiar con toda la buena intención del mundo. Así que una vez que los pequeños de la casa se hartaron de esperar a que los juegos se cargaran durante largos minutos, pude meter mano en aquel mundo desconocido para mí del lenguaje de programación basic... Por supuesto, me di el batacazo padre, pues no tenía a nadie que me enseñara y los recursos económicos para aprender aquel abracadabra no estaban a mi alcance.

Años después, alrededor del 1992 y después de haber estado trabajando como vendedor en algunas empresas del ramo de la informática, me decidí a comprar mi primer ordenador, aprovechando que la última empresa en la que había estado renovaba su parque tecnológico. Así que mi primer PC fue un pentium a 133 Mhz, que para la época ya estaba algo desfasado, pues comenzaba a carrera de los megaherzios entre Intel y AMD. No obstante, aprendí una máxima que sigo repitiendo casi a diario y que me enseñó un gurú de la informática en aquellos tiempos: Sostenía aquél amigo que aprender a manejar un ordenador era muy fácil, pues se trataba de máquinas tontas que sólo sabían decir sí o no, pero muy deprisa... y yo me consideraba lo suficientemente capacitado para engañarla, así que me embarque en un viaje de conocimiento del que aún no me he apeado.

Aquél primer ordenador dio todo lo que pudo de sí mismo en el pulso intelectual al que le sometí... y cascó, claro... en manos de un novato sin miedo a romper nada, un ordenador dura lo que puede, pero nuestros cráneos, diseñados por la naturaleza para conservar la integridad de nuestras neuronas, son más duros con diferencia.

Al poco tiempo, con unos pocos conocimientos adquiridos de lo que se podía hacer con aquellas máquinas maravillosas, y habiendo probado las mieles de la comunicación a través de Internet, decidí invertir en un buen ordenador que me permitiera seguir avanzando y aprendiendo nuevas técnicas. Mi primer ordenador nuevo, a estrenar, fue un K-6 de AMD que prometía mucho más rendimiento y fiabilidad que los microprocesadores de Intel. O al menos eso me contaron aquellos a los que pedí consejo en aquella época. Como mis conocimientos de las nuevas tecnologías se incrementaban exponencialmente, pagué mis frustraciones con aquél pobre bicho... Cuando el famoso Güindos 95 me mostraba sus impepinables pantallas azules poco antes de pararse en seco, yo amenazaba e insultaba al "chino" que vivía dentro de mi ordenador con soltarle un martillazo a desgarrapellejo para que espabilara... hasta que en un acceso de ira y mala leche, un buen día, le solté una patada que dobló completamente la carcasa de mi torre, fracturando y dividiendo por la mitad la placa base sobre la que se sustentaba todo el tinglado...

Curiosamente, aquél patadón tuvo efectos colaterales completamente inesperados y poco comunes: nunca más, repito, nunca más, se volvió a colgar. No sé si por miedo a otra agresión o porque alguna de las conexiones internas de aquellos circuitos, que estaban burlándose de mí, falleció en el impacto. Tuve aquel ordenador escacharrado en funcionamiento cerca de tres años sin una sola avería nueva. Hasta que a finales de los noventa, decidí cambiarlo de nuevo.

Esta vez, con algo más de conocimiento propio, elegí uno a uno los componentes de mi nueva maravilla: un K-7 con placa Gigabyte GA-7DXR recién salida al mercado (tanto que tuve que pedirla por Internet a la fábrica, ya que aún no había llegado a España) con soporte para 8 discos duros de 8 gigas... La rehostia para aquella época... teniendo en cuenta que lo normal eran discos de 4 gigas o así; el pepino que me compre a cachos era lo más de lo más en aquellos tiempos.

Y ése ha sido mi compañero hasta la semana pasada. Después de ayudarme a migrar de güindos a linux, de conocer como nadie mis secretos, mis escritos, mis ligues cibernéticos, mis amistades hechas a través de la red y de convivir con algunos portátiles muchos más avanzados que él mismo; después de verse relegado a morir poco a poco en el abandono de la casa de mis padres cuando decidí casarme; después de verse resucitado y funcionando a pleno rendimiento gracias al software libre. Después de todas ésas vicisitudes; el otro día, antes de volver a conectarme tras las vacaciones, decidí hacerle una limpieza general y adecentarlo un poquito, que tenía los ventiladores con más mierda que el rabo de una vaca. Desmonté todos sus componentes. Limpié con esmero los disipadores, descarté los ventiladores viejos y los sustituí por otros nuevos. Compré nuevas pastillas de memoria (a precio de oro, por cierto, que las memorias viejas están muchísimo más caras que las nuevas y son más difíciles de encontrar que el preciado metal). Y cuando lo estaba montando de nuevo, el fatídico crack de un condensador de la fuente de alimentación me hizo sospechar que le había dado un infarto al procesador.

Efectivamente, cuando terminé de montarlo, aquello no arrancaba ni a tiros. Lo llevé a reparar y me dijeron que la placa base estaba quemada...

Os juro que se me partió el corazón. Es como si me hubiera muerto el perro... Sentí una rabia comparable a la defunción de alguien querido. Después de todo, he compartido con ésa máquina, o a través de ella, tantas cosas durante tantos años... que me hubiera gustado jubilarla como se merecía, en funcionamiento, renovada y retirada del servicio en plenitud de facultades; y no así... fallecida en acto de servicio por culpa de mi propia ineptitud.

El caso es que estoy de ocupa en el portátil viejo (que por cierto, estaba también "kaput" y he tenido que resucitar) hasta mañana, por lo menos, en que me acercaré a una tienda a desembolsar 250 euracos para montarme un nuevo ordenador que ocupe el lugar del caído en acto de servicio.

Espero que el nuevo no me de muchos problemas y pueda aguantar el servicio intensivo al que estaba sometido su antecesor...


miércoles, 28 de noviembre de 2007

Las desgracias nunca vienen solas

La mayoría de aquellos de vosotros que ronden la treintena de años, es decir, aquellos cuyas madres entran a formar parte de mi generación, aunque me saquen unos cuantos años, seguramente sabrán a que me refiero cuando hablo de canturrear por la casa. En la mía es casi una tradición. Lo hacía mi abuela materna y, por lo que yo sé, mi madre lo sigue haciendo cuando trastea en la cocina o hace las camas a diario. Yo mismo, desde que me ocupo de las labores domésticas, me he dado cuenta que tarareo las mismas canciones que durante años he oído cantar a mi madre y a mi abuela. Incluso mi hija, que es un bebé, por imitación, cuando juega con los muñecos o con los "miuuus" y les ordena "amimir" o "apapar" (traducción simultánea: "gatos" "a dormir" "a tapar") se le nota la querencia a las tablas, como a los buenos toros bravos y suelta unos breves pero claros "nananá" que repuntan ya la continuidad de ésa tradición.

Y como digo, siempre son las mismas canciones. El otro día, mientras íbamos en coche al cumpleaños de una amiga, mi esposa comenzó a tararear una de esas canciones: "Tatuaje". Y se sorprendió cuando la corregí uno de los versos y me arranqué a cantar toda la letra de memoria. Ni siquiera yo mismo me dí cuenta que la sabía entera, de "pe a pa", hasta que ella me lo hizo notar. Supongo que la aprendí a fuerza de escuchársela a las mujeres de mi familia mientras se inclinaban a estirar las sábanas de mi cama; mientras yo, ignorante de la influencia que estaba recibiendo, me vestía en la misma habitación o buscaba como un desesperado mis zapatos, que siempre han tenido tendencias fugitivas.

Como hace mucho que no pongo música en este blog, y es una buena práctica que no debería haber perdido, hoy he decidido matar dos o tres pájaros de un tiro: Primero demostrarle a mi mujer que si estas canciones han pasado a la memoria colectiva es por culpa de voces excepcionales. Segundo reivindicar un género, la copla, que por culpa de las modernas cantantes, ocupadas más en ganar dinero apareciendo en los programas y revistas del corazón que de cantar (disimulando así sus más que evidentes carencias artísticas), ha sido continuamente denostado por aquellos que no conocen más que las imitaciones que se han hecho de los grandes de este género en los últimos 25 años.

Y tercero: como homenaje a mi madre, que lleva ya dos semanas ingresada en el hospital y que anteayer fue intervenida quirúrgicamente de una colecisteptomía (extirpación de la vesícula biliar), y la pobre lleva sin comer los catorce días de internamiento. A ella y a mi padre (que sale de guatemala para caer en guatepeor); que después de haber perdido a su propia madre el día nueve de este mes, ha visto como su esposa, sin apenas solución de continuidad era ingresada de urgencia en el hospital. El pobre hombre anda como loco buscando al puto tuerto para sacarle el ojo que le queda de una hostia... Y yo que el pobre tuerto me escondería, que las tortas de mi padre hicieron pupa al propio Carrasco cuando boxeaba... El que avisa no es traidor.

Para esta hazaña cinegética (la de matar tres pájaros de un tiro, se entiende) no tengo más remedio que acudir a la más alta cumbre de la copla: Doña Concepción Piquer López; no vaya a ser que me quede corto y luego alguien me diga: "pues no es para tanto". Así que es mejor pasarse un poco de largo y mostrar lo que el talento innato y el oficio de muchos, muchos años pueden hacer con una voz. Dicen que la propia Concha contaba que, con apenas ocho años se presentó en un teatro de Valencia preguntando por el encargado y le dijo: "Vengo a cantar". Por supuesto, el pobre hombre no entendió a aquella chiquilla, y la devolvió a su casa (aunque por poco tiempo, ya que debutó en otro teatro de Valencia apenas tres años después). Lo que aquél empresario no entendió fue la declaración de principios que realizó aquel retaco: no es que fuese su intención cantar en aquél teatro ése día. Es que ella vino a este mundo a cantar. A dejar un legado que nadie ha sido capaz de eclipsar desde entonces, por muchas imitaciones que ha tenido que soportar desde aquel año de 1917.

Quiero que os hagáis una imagen mental de la situación: Concha era hija de un albañil y de una costurera, no tenía formación artística de ninguna clase y, a pesar de ser la quinta hija del matrimonio, en realidad era su primogénita, ya que sus cuatro hermanos mayores habían muerto antes de alcanzar la juventud. Tan clara tenía su vocación, que no permitió que las primeras negativas recibidas, ni la oposición de sus padres, se interpusieran en su camino a la fama. Seguramente habréis oído esta historia muchas veces. Normal: desde su aparición en el mundo del espectáculo muchas han sido las imitadoras que han intentado copiar su estilo, e incluso su biografía para destacar. El problema es que en este caso la historia es la auténtica, no una copia, sino el original... Fuerte ¿eh?.

Para quienes deseen conocer su biografía, está el enlace de su nombre. Lo que no muchos conocen es que, en una época en que no existían las promociones discográficas tal y como hoy las conocemos; en que no todos los teatros disponían de micrófonos operativos; esta mujer fundó una compañía de teatro y recorrió el mundo para que todos pudieran escuchar sus canciones. Y logró, si no una cifra record en venta de discos (que sí lo hizo, incluso años después de su muerte: en Diciembre del 2006 aún ocupaba el número 48 de la lista de ventas en España con su disco 100 años), sí convertirse en la artista más popular de su tiempo con diferencia. Y además abrió la puerta del espectáculo a otros grandes de la canción como Manolo Caracol o Juanito Valderrama.

Bien es cierto que su afiliación política al régimen de Franco pudo ayudar a promocionar sus canciones, pero lo que no se puede negar en modo alguno es que su éxito se lo ganó totalmente a pulso, por oficio, por poderío vocal y por esfuerzo personal, que la llevó a recorrer prácticamente TODOS los teatros españoles de la época y no pocos de los de los países hispanohablantes. Quién no haya oído hablar del baúl de la Piquer como paradigma del viajero es que no ha salido de la puerta de su casa.

Su profesionalidad quedó aún más patente en el año 1957 cuando, tras una gala, se da cuenta que su voz no era la que el público merecía (os juro que yo he oído alguna grabación de aquella época y no he sido capaz de encontrar ni un sólo defecto a su voz), y emite un comunicado anunciando su retirada irrevocable de los escenarios. Ole sus cojones... en lo más alto, como Dios manda...

Seguro que las canciones que os pongo aquí las habéis escuchado muchas veces en distintas versiones. Os invito a destriparlas, con sus fallos de sonido y con sus carencias sonoras, para disfrutar de sus letras (casi todas del Trío de Oro: Quintero, León y Quiroga), de sus magistrales interpretaciones y del sentimiento que desprenden. Todo eso han convertido en leyenda a esta señora. Disfrutad. Y preparaos... a quien no se le ponga la piel de gallina que me lo diga.

Primer vídeo: No hagáis caso del careto del muchacho que hace playblack. Cerrad los ojos y escuchad:



Segundo vídeo: Una canción especial. Os pongo también la versión que hizo Joaquín Sabina, para comparar las voces (la de Olga Román que es probablemente una de las mejores del panorama actual)






Última actualización a las 21:44 h: A pesar de que he estado buscando y rebuscando por la red las canciones Ojos Verdes y Tatuaje interpretados por doña Concha, no he sido capaz de encontrarlas de ninguna de las maneras. Y aunque me he encontrado muy buenas interpretaciones de las dos, en diferentes voces (algunas de ellas tan buenas o mejores como el caso de Miguel de Molina) incluso de su época, voy a poner otra canción muy distinta en una voz harto parecida a la de doña Concha y a la que imagino que algún día puede alcanzar: la de Pasión Vega en una canción homenaje a Camarón de la Isla, compuesta por Joaquín Sabina. Así que desde Valencia a Málaga, pasando por Madrid-Jaén y Cádiz... Si es que en este país hay de todo en todas partes. Como en botica.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Los Superespecialistas

Mi abuela materna, que era completamente analfabeta (eso sí, no había manera de engañarla en un céntimo de las antiguas pesetas), solía hacer gala de un ingente conocimiento de los refranes populares. Yo he tenido el honor de continuar con aquella tradición. La de los refranes, claro, no la del analfabetismo... Y uno de los que más solía repetir era aquel de: "Oficial de todo, maestro de nada". Nos animaba así a especializarnos en algo, en vez de ir por la vida dando tumbos sin conocimientos profundos de algún oficio.

Yo le salí rana. Me temo que mi ideal es el del hombre renacentista, que cultiva saberes varios, profundizando sólo en aquellos que le interesan especialmente. Y así me ha ido la vida... Soy autodidacta en muchas de las actividades que realizo a diario. Y he tenido la agradabilísima oportunidad de trabajar en multitud de oficios merced a la política de empleo del anterior gobierno socialista, que primaba la contratación temporal por encima de cualquier otra consideración. En fin, que me he tenido que buscar la vida como buenamente podía, a la vez que iba aprendiendo a hacer lo que, en aquel momento, más se demandara. Cuando te tienes que buscar las habichuelas por tu cuenta, lo importante es trabajar; da igual de lo que sea.

Como consecuencia, ya digo, he desempeñado puestos de trabajo y oficios de muy diferente calaña, sin especializarme en ninguno de ellos, pero procurando siempre comprometerme y cumplir lo mejor posible su desempeño. Y, por lo general, las personas para las que he trabajado, alababan mi forma de hacerlo, así que muy mal no se me daban.

No obstante, tengo que reconocer que, en la sociedad en que vivimos, la especialización es una necesidad. Si realmente quisiéramos formar hoy en día a un hombre renacentista, probablemente su preparación llevaría muchos más años que los que podría aportar ése hipotético genio al desarrollo de su actividad productiva por el bien de la sociedad. Así que la solución es formar a los estudiantes con una ligera idea (muy, muy ligera) de cultura general; lo suficiente para que puedan absorber los conocimientos específicos de su rama de estudios, y dejar que, si está interesado, complete su formación humanística por su cuenta y riesgo.

Hasta el momento, los resultados no son los más... no voy a decir halagüeños, ni deseables... es que ni siquiera se puede hablar de resultados mediocres. Más bien habría que calificarlos como muy deficientes.

Para nuestra desgracia común, los licenciados, diplomados, ingenieros, maestros, graduados, bachilleres, especialistas, peones y aprendices que acaban su formación docente hoy en día tienen dos características que los definen y limitan como personas: El absoluto desconocimiento de cualquier otra área que no sea su especialización y una carencia casi total de cultura general, y por tanto, de educación.

No me paso de la raya, no... por desgracia tengo ejemplo muy cercanos para demostrarlo: mi mujer es diplomada en empresariales y un monstruo en el manejo de programas de ordenador (lo digo en serio, me deja alucinado cada vez que sale un programa nuevo y en media hora lo maneja como si ella lo hubiera diseñado) con un máster de ofimática empresarial... y sin embargo, para instalar nuevos programas en el ordenador, tiene que acudir a mí o a su hermano... es que tiene pánico a estropear algo, si mete mano en ésa máquina tan rara y llena de cables por todas partes.

Mi hermana menor está licenciada en Historia del Arte... pero para hacer su tesis de fin de carrera sobre las epigrafías de Castilla y León, tuvo que acudir a los conocimientos de latín y griego de su hermano mayor, el bandarra, por que no entendía ni papa de lo que encontraba escrito en las piedras de las iglesias.

Y lo que, a mi modo de ver, es peor aún: ambas, y que conste que no las critico por ello puesto que es un mal demasiado extendido, todavía me llaman para consultar si burro se escribe con b o con v (es sólo un ejemplo, por supuesto su ortografía no es tan limitada), o si existe una palabra que defina a los nacidos en Huelva. Eso, en la era de los procesadores de texto, que te lo dan todo mascado y digerido.

Puestas así las cosas, no es extraño, entonces, que tras un año de baja laboral por culpa de unos lumbagos que no se los deseo yo ni a mi peor enemigo; después de haber sufrido física y emocionalmente dolores que me volvían prácticamente impotente de tomar a mi hija de veinte meses en brazos y que limitaban mi capacidad de disfrutar de mis momentos de asueto; después de haber pasado jornadas enteras en la puñetera cama o vegetando delante de la televisión y el ordenador a la espera de que el super especialista tuviera a bien atenderme en su consulta; después, en fin, de desesperarme por no saber qué coño me pasaba, llegue el individuo éste y me diga que, como no hay nada susceptible de corregirse por medios quirúrgicos, no entiende la razón por la que he sido derivado a su servicio de traumatología, especialidad columna... ¿No te jode?... Pues muy señor mío: porque me gustaría saber el porqué de mis dolores y si hay alguna forma de paliarlos... ¡Vamos que no vengo aquí de visita, ni a verle a usted la cara de pánfilo despistado! ¡Coño! Que es que le hacen a uno hablar mal y desear liarse a dar hostias hasta que el ínclito se ría...

De verdad, de verdad, que no soy partidario de la violencia. Pero es que algunos se ganan a pulso que les llenen la cara de aplausos. Y lo peor de todo no es esto, no... lo peor es tener que aguantar la mala educación de la que hacen gala estas eminencias médicas. O sea: No tiene ni puta idea de lo que me pasa. Vale, lo acepto; no tiene por qué saberlo todo, al fin y al cabo sólo es un especialista, no Dios. No muestra ni el más mínimo interés en ayudar al paciente. Vale, también entiendo que tienen que tratar a un montón de gente del más variado pelo en el menor tiempo posible, así que, acepto Badajoz como parque acuático. Pero que encima me trate como a un perro, sin el más mínimo rastro de educación, y cuando le pregunto que hacemos, me conteste con ésa prepotencia y poco menos que me eche a patadas de su consulta sin contestar a mis preguntas... es que es para agarrarle la cabecita medio calva y aplastársela de un solo movimiento contra la mesa del despacho, de verdad.

Salí tan cabreado de la consulta que no me di ni cuenta de en qué sentido se abría la puñetera puerta... y como consecuencia de mi envite, la desencaje de su marco... Él se debió dar cuenta de mi enfado, porque ni siquiera se dignó a saludarme ni a llamarme la atención por el destrozo. Total... si sólo he puesto en evidencia su falta de educación y su absoluta ignorancia sobre lo que se supone que es su especialidad... no me parece a mí que éso sea motivo para tratar con desprecio, con soberbia o con malos modales a quién ha sido exquisito en el trato. Hasta el momento de la puerta, claro.

Total, que como sigamos así, pronto tendremos que ver con vergüenza cómo la falta de cultura y la falta de educación se hacen tan comunes en nuestro país como en los Estados Unidos de América. Para muestra un botón:

miércoles, 7 de noviembre de 2007

cerrado por abogados

No sé porqué extraña razón, los seres humanos tenemos un defecto congénito referente a la forma de ayudar a nuestros semejantes. Y es que siempre hay alguien que sabe mejor que tú lo que debes hacer frente a determinadas situaciones, pese a no haberse hallado nunca en esa situación en concreto. Es más, algunos ni siquiera han vivido situaciones parecidas, pero se permiten el lujo de juzgarte y darte consejos.

No se hace con mala intención, en absoluto. Se trata de una forma de empatía sublimada que nos hace ponernos en el lugar del sujeto y visualizarnos en su misma situación, permitiéndonos averiguar qué haríamos nosotros ante el evento en cuestión. El problema viene cuando no se tiene suficiente personalidad para filtrar esos consejos y tomar las decisiones correspondientes.

Yo soy un tipo bastante discreto y procuro escuchar siempre a todo el mundo. La experiencia me ha enseñado que escuchar siempre es bueno, pues puede proporcionarte un punto de vista nuevo del problema que te ayude a solventar la situación. Pero claro, no siempre estoy dispuesto a seguir los consejos que se me ofrecen. Y por mi mala cabeza, por no seguir esos consejos, he tenido que pagar en muchas ocasiones precios que no deseaba afrontar.

Uno de estos casos ha sido la construcción de mi casa. Las últimas semanas ando desaparecido, en parte por causa de este problema, y en parte porque estoy tratando de volver a mi rutina vital; es decir, vuelta al trabajo, vuelta a la falta de tiempo libre, vuelta al cansancio después de ocho horas de fábrica, etc.

Así que no os asustéis, prometo volver en cuanto tenga tiempo libre para hacerlo, y de paso, explicar algunas cosas sobre mi ausencia. Pero que conste que siempre saco algún ratito para leeros ¿eh?.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Radical y extremista

Hace ya algunos años años, un científico americano (del norte, por supuesto), que de allí vienen los buenos científicos; descubrió un gen en las margaritas que podría modificar, estableciendo una serie de ventajas en el cultivo de esta planta.

Otro gran científico de la misma nacionalidad logró cultivar unas margaritas de gran belleza con una serie de características, que además la hacían muy especial: entre ellas destaca el color, en vez de ser blancas por fuera y amarillas por dentro eran de color azul en los pétalos y verdes en los estambres. Además del color era destacable la circunstancia de que se podían plantar hasta en un cartucho de bolígrafo vacío, ya que no necesitaban mucha tierra y el cultivo hidropónico había avanzado mucho en los últimos años. Y por si fuera poco estas ventajas, descubrió además que esta nueva variedad de color azul no se reproducía por sí misma, sino que había que cultivarla específicamente, con lo cual daba solución a la multitud de problemas que se habían suscitado sobre la libre proliferación de margaritas en nuestros campos y parques.

Sí, porque esa circunstancia o característica de las margaritas salvajes se había convertido hace ya algunos años en un problema bastante grave. Tu plantabas un prado de césped en cualquier sitio y antes de que te dieras cuenta, las margaritas salvajes se habían apropiado del sitio, afeándole con sus chillones amarillos y blancos, disimulando en vez de adornar el verde propio de la hierba. Y si además lo que deseabas era adornar tu jardín, lo lógico es que cada uno eligiera el color con que deseaba hacerlo. Las margaritas salvajes no tenían derecho a salpicar lo que con tanto trabajo te había costado plantar. Así que en poco tiempo, las margaritas de color azul se pusieron de moda, obteniendo una gran acogida entre el público en general y entre los amantes de las margaritas en particular.

Pero por si fueran pocas las ventajas de la nueva raza de margaritas, de repente, una serie de desaprensivos poco amantes de las plantas (que de todo tiene que haber en este mundo) comenzaron a hacer de las suyas tanto en los jardines públicos como en los privados. Estos vándalos se dedicaban a pisotear las margaritas salvajes, con lo que los jardines cada vez tenían peor aspecto, con todas aquellas margaritas aplastadas y medio muertas. Lo malo es que les debía de resultar simpático eso de hacer el bestia, porque más pronto que tarde comenzaron a no hacer distinción entre las margaritas salvajes y las cultivadas. Así que por mucho que te esforzaras, al final no compensaba tener un jardín como Dios manda. Si no eran las margaritas salvajes la que lo invadían, los gamberros estos que les importaba un huevo la naturaleza, te lo pisoteaban por menos de nada.

Yo puedo presumir que fui uno de los primeros en darse cuenta que el futuro del cultivo de margaritas estaba en la nueva variedad, lo que llevo a gala y publicito siempre que puedo. Además, junto con una serie de amigos también amantes de las margaritas, nos dimos cuenta que podíamos tener en casa el jardín que soñábamos, ya que las margaritas azules sólo se reproducían al ritmo que nosotros mismos marcábamos, obteniendo multitud de mejorías en el cultivo de las mismas dentro de espacios cerrados, como pisos, terrazas, despensas, etc. De ahí a formar nuestro propio grupo de defensa de las margaritas medió poco tiempo. Se puso de moda crear grupos en defensa de las margaritas, así que nosotros formamos el nuestro, con nuestro propio ideario y, como no, un foro en Internet, que es lo que hace la gente moderna.

No faltaron voces discordantes que nos tachaban de nazis, racistas y radicales, pero eso poco nos importó. Ante las pruebas científicas que nos avalaban, nos limitamos a ignorar que la evolución había preparado a las margaritas para reproducirse rápidamente, aprovechando ésa ventaja para superar los problemas y crisis en el perfeccionamiento de su adaptación a un medio hostil. Ignoramos también que el excesivo cultivo de margaritas azules lo que realmente producía era un empobrecimiento de la variación genética de toda la especie. Lo realmente importante es que podíamos controlar su cultivo y adaptarlo a nuestro modo de vida. Al fin y al cabo, lo que los nazis hicieron con los judíos fue mejorar la raza eliminando a los ejemplares más débiles ¿no?.

A lo largo de los años, los postulados de nuestro grupo se fueron haciendo cada vez más firmes, llegando a convertirse casi en un credo de vida. Incluso establecimos una serie de protocolos que nos permitían hacer salidas al campo y recoger margaritas salvajes (pobres ellas viviendo en las peores condiciones de vida posibles), transformarlas en margaritas azules y cultivarlas en casa. El siguiente paso fue crear una brigada de rescate para recoger las margaritas que los barrabases (aquellos desalmados pisoteadores) habían arrasado y recuperarlas con todo nuestro amor. Eso sí... limitando su libre crecimiento y transformándolas en un par de generaciones en margaritas azules, claro... si no, ¿para que nos íbamos a molestar en hacer el trabajo...?

Todas estas buenas acciones nos proporcionó una fama de almas caritativas y tolerantes que se correspondía perfectamente con lo que la opinión pública pensaba de nosotros. A las voces discordantes que fueron surgiendo dentro del grupo con los años, nos limitamos a ignorarlas, vituperarlas, acosarlas y finalmente expulsarlas de nuestro paraíso. Al fin y al cabo, la razón era nuestra, de nuestra propiedad, así que no estábamos obligados a tolerar desviaciones en las líneas generales de acción. Yo sé perfectamente lo que quieren las margaritas, que para eso llevo tantos años rescatándolas. Y quien no esté de acuerdo conmigo está muy equivocado y punto.

Por ejemplo, y para no ir más lejos en el tiempo: Hoy mismo, ha entrado en el foro una chica para ofrecer unas preciosas margaritas blancas y amarillas a quienes deseasen tener ésa variedad en casa... Jajajajajajajjaja... lo que nos hemos podido reír a su costa... la pobre pensaba que podía colocarnos sus margaritas sobrantes. En menos de dos minutos, algunos de los más radicales miembros de mi grupo estaban acosándola para que cercenara la posibilidad de reproducirse de sus margaritas salvajes. Yo, en mi papel de moderador del foro, la he sugerido que se aprenda el ideario del grupo antes de ofrecer material genético corrupto en un lugar en el que sólo se admiten margaritas como las suyas si tienen graves taras, si han sido pisoteadas o si vienen enfermas, pues así nuestra conciencia nos permite castrarlas sin problemas. Como se ve que la chica tenía algo de carácter (estas son las peores, que no quieren entrar en razón) ha tratado de justificar la crianza de esas aberraciones de la naturaleza en su amor por la especie, y ha intentado razonar con nosotros con argumentos de tolerancia y libertad de elección... la ingenua... Si lo que importa no es eso. Lo que importa es que nosotros estamos en lo cierto, y nadie más. Las demás consideraciones no tienen cabida en nuestro grupo.

Por supuesto, ante la avalancha de opiniones en su contra, no la ha quedado más remedio que rendirse a la evidencia, y ha salido por patas del foro. Lo a gusto que me he quedado con la sentencia irónica que he escrito al final de su post... Somos grandes, somos muchos y somos perfectos ¿Que nos importa a nosotros las opiniones de los demás?

¿Ridículo?... Quizás... ahora volved a leer el texto, y cambiar la palabra margarita por gato... la realidad siempre supera a la ficción.



Por supuesto, sigo diciendo que las generalizaciones no son buenas, que no todo el mundo es tan malo como parece, y que en todo grupo siempre hay gente buena, que merece la pena conocer, y otros a los que hay que dar de comer aparte.

lunes, 24 de septiembre de 2007

En marcha de nuevo

Yastoyaquíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... Todo solucionado... de momento. En realidad me quedan algunos flecos que perfilar, como montar la red, configurar la cámara, la impresora, etc... pero en general ya puedo volver a funcionar como si tal cosa, eso sí, sin regalar el dinero a ningún millonario y sin depender de las grandes compañías para que mi ordenador furule a la perfección... o casi... en cualquier caso, mejor que con el Güindos.

El caso es que ya puedo ver y colocar en mi blog animaciones en flash, que era lo importante y lo que me tenía desquiciado. Por cierto, desde aquí agradecer a los amigos del foro de Ubuntu. es por su inestimable ayuda y las pistas que me han dado para solucionar el tema.

Hoy, por cuestiones de tiempo, el post será cortito, pero espero que muy divertido. He descubierto una serie en flash (desde el foro citado la recomendaban para comprobar el funcionamiento de esta herramienta) que me ha echo reír a más no poder. Supongo que muchos de vosotros ya la conocéis, pero yo que no suelo trastear demasiado en estos temas, me he llevado una grata sorpresa al verla. Os dejo el enlace para ver todos los episodios publicados y esta pequeña muestra titulada "Por que yo lo valgo".

Es que estoy más satisfecho conmigo mismo... jejejejeje...

jueves, 20 de septiembre de 2007

De obras (O qué difisir eh er mundo de la infosmática)

Perdonadme de nuevo. De verdad que lo siento, pero no puedo haceros el caso que me gustaría a todos vosotros. Estoy de obras en el ordenador. Tengo un problema de configuración que me tiene sorbido el seso (y el sexo, que dice mi mujer que no la hago ni puñetero caso) y como soy así de cabezota, no pienso darme por vencido hasta que lo solucione de una vez por todas. Yo soy así... y encima monotarea, así que hasta que no gane, bien por cabezonería, bien por pura chiripa a esta máquina tonta, mi cerebro no tiene otro objetivo en la vida. Voy a contaros el problema, a ver si algún alma caritativa con mayores conocimientos de informática que un servidor conoce la solución y me puede echar una mano:
Desde hace años vengo usando como navegador predeterminado el Mozilla Firefox. Es muchísimo mejor que el Internet Explorer en cuanto a rapidez, seguridad, etc, etc... y además no es tan vulnerable a las malditas ventanitas que se abren sin permiso cuando navegas por ahí (popups). Como bien sabéis alguno de vosotros, que me ha seguido asiduamente, hace unos meses migré a Ubuntu, una distribución de Linux que trabaja totalmente en castellano (lo que es muy recomendable para aquellos que como yo no chanelan para nada el sarraceno ése que nos han vendido los americanos). Y me va genial... es la mejor decisión que había tomado en años de moverme por este mundillo. Bueno, el caso es que hasta hace un par de semanas, me he estado conectando a la red desde mi portátil, que tiene instalados Windows XP y Ubuntu, desde la partición de la distro de Linux, y como digo, ningún problema.

Como en casa somos dos a conectarnos, me pareció buena idea recuperar un antiguo PC que guardaba en casa de mis padres. Así podría montar una red en casa y ambos podríamos atender nuestros asuntos sin tener que esperar turno para el uso del ordenador. El PC "antiguo" tiene ya más de 5 años, pero como cuando lo construí (sí, me empeñé y con ayuda de un amigo que sabe mucho de esto lo construí por piezas), compré los componentes más avanzados que iban saliendo al mercado, la verdad es que no está demasiado desactualizado. Y como con Linux a cualquier ordenador antiguo le puedes sacar mejor rendimiento que a una supermoderna máquina con el famoso Vista, pensé en instalar sólo Ubuntu en el PC y dejar el portátil a mi esposa, que suele conectarse mientras tiene delante el ruido de fondo de la televisión. Así yo puedo encerrarme en el despacho tranquilamente a pensar, estudiar y escribir (y ver porno, por supuesto).

El caso es que una serie de desafortunados incidentes impidieron que la instalación fuera por sus cauces normales. Primero no podía recuperar los datos guardados en el ordenador antiguo. Me costó Dios y ayuda salvar antiguos escritos y fotografías que guardaba en el disco duro. Cuando por fin recuperé mis novelas de juventud y los recuerdos de una época más salvaje, no conseguía instalar el sistema operativo que quería... pero tampoco Windows... así que llevé el ordenador a un experto que me confirmó la avería: el disco duro maestro estaba petado y una pastilla de memoria no funcionaba. Bien -pensé-, al menos no es que yo sea un total inútil ni que mis discos (recopilados con no poco esfuerzo) ni los que me habían prestado otras personas estuvieran defectuosos.

Al mismo tiempo, y coincidiendo con una semanita de vacaciones que se tomó mi compañera, la tarjeta de vídeo del portátil dijo basta tras el intenso trabajo al que le sometía mi mujer (aprovechó las vacaciones para recopilar y hacer un fotolibro de nuestra hija). De modo que, por unas cosas y otras, estábamos incomunicados con la red. Perfecto...

"Nada, esto lo arreglo yo en un periquete -dije para mí mismo y en voz alta para tranquilizar a mi media naranja-. Ahora mismo instalo Ubuntu en el PC y rulamos en un par de días, en cuanto lo configure adecuadamente".

Vale, me pongo... y todo sale como el culo. La instalación fue sin problemas, pero al instalar los plugins del navegador y conectarme para visitar los blogs que suelo frecuentar el firefox se ralentiza de tal manera que hace casi imposible visualizar ninguna página. "Joer... Y esto que será" -me preguntaba una y otra vez-. Intento optimizar la conexión a internet... nada... eso no es. Vale es evidente que se trata de un problema del mozilla firefox. Reinstalarlo, ésa es la solución. Ahora sí... ya va a una velocidad normal. Pero no puedo ver los vídeos de mi propio blog. Vuelvo a instalar el Adobe Flash Player. Otra vez.. será hijo puta el plugin este... que me tiene mareado y me deja la navegación como un bote sin remos... ¿Y ahora cómo lo desinstalo? Nada... a buscar en San Google... Total, que por fin a las 5 de la mañana aprendo a desinstalar el dichoso complemento. Bueno, digo aprendo porque después de buscar y buscar en Google, como no encontraba una solución, acudí a un programita que tiene Ubuntu y de casualidad me encontré el plugin allí, así que de un plumazo lo mando al garete. Pero la conexión sigue lenta, muy lenta. Mañana continúo que me caigo de sueño.

Al día siguiente mi media naranja me dice que no le gusta la interface del Ubuntu (es marrón y bastante sosa con el escritorio gnome, pero muy sencilla de manejar y muy eficaz), que si no tengo otro sistema operativo menos feo... yalaamoscagau...

Vale, tengo la solución. Voy a instalarla Guadalinex. Acabo de recibir la versión 4, basada en Ubuntu, también en español, y como dice mi amigo el linuxero, hecha "patontos". Tiene una bonita interface azul que recuerda mucho a Windows. Pero esta vez voy a asegurarme que es el puto plugin el que me está haciendo la puñeta. Queda instalada la distribución tal cual llega en el CD que envía la Junta de Andalucía (Guadalinex es el SO que está usando esa comunidad autónoma en todas sus oficinas; es muy sencillo de manejar y forma parte de un proyecto de desarrollo tecnológico apoyado por el gobierno de esa comunidad), con las actualizaciones pertinentes, claro. Entre las actualizaciones de firefox no está el plugin de Adobe porque es un software propietario y el proyecto Guadalinex fomenta el desarrollo del software libre y gratuito.

Me conecto a internet. Todo genial, aunque no puedo ver los vídeos. Primero, antes de molestarme en encontrar una solución, le dejo a mi mujer que consulte su correo.

-"Este sí me gusta, y es igualito que el windows ¿No?" -pregunta mi esposa-
-"Pues... en manejo sí, cariño, igual que Ubuntu... si son todos muy fáciles de manejar" -respondo haciéndome el sabihondo- "Aunque de funcionamiento son completamente distintos, el uso que se hace de él para consultar internet es el mismo en todos".

Tras conseguir que se le pase el miedo a manejar el nuevo sistema operativo, me pongo de nuevo a intentar averiguar el motivo de mis desdichas internáuticas. Vuelvo a instalar el plugin de Adobe. Y otra vez la misma faena... esta vez va tan lento que el propio sistema operativo me ofrece cerrar el navegador, porque se cuelga. Otra vez a bucear en Google a ver si encuentro la solución. Y nada..

Y en esto sigo... después de desahogarme un poco escribiendo, vuelvo a ver si consigo hacer funcionar el navegador como Dios manda.

Si alguien tiene alguna idea de como solucionar el problema, agradezco cualquier tipo de ayuda.

Datos técnicos para posibles gurúes informáticos:

CPU: AMD Athlon 1200 Mhz 512 MB
Placa base: Gigabyte GA-7DXR
Tarjeta vídeo: nVIDIA GeForce2 MX 100/200 de 32MB
Tarjeta red: 3Com Etherlink 10/100 PCI
Sistema operativo: Guadalinex V4 con escritorio Gnome 2.16.1 distribuido por Ubuntu.
Navegador: Mozilla firefox 2.0.0.3 (Ubuntu-edgy) Mozilla/5.0 (x11; U; Linux i686; es-ES rv:1.8.1.3) Gecko/20060601

SOCORROOOOOOOOOO!!!!

martes, 18 de septiembre de 2007

Pensamiento y escritura

Cuando comencé este blog, pensé que mi sola necesidad de escribir bastaría para mantener una intervención regular en la arquitectura del mismo. Creí que las historias saldrían solas de mi teclado y se escribirían casi como granos que se desprenden de una espiga madura. Pero hasta ahora, y mucho más con los parones forzosos que me he visto obligado a hacer, por diversos problemas; tanto técnicos como personales, las palabras han llegado con mucha lentitud. En los mejores días, me siento obligado a pensar y desgranarme el cerebro en busca de algo nuevo que contar que no se convierta en una paranoia personal, en algo reiterativo e infumable que sólo entienda su autor.

Como mucho, en uno de estos buenos días, consigo escribir una o dos páginas medianamente aceptables. A veces siento como si estuviera en un estado mental de aquilatamiento, como sumergido en un fluido espeso que no me permite expresarme como quiero. Una y otra vez veo cómo mis pensamientos se desvían de la
dirección que tenía en mente. Tan pronto como pienso algo, ése pensamiento me lleva a otra cosa y esta a una tercera, y así sucesivamente, hasta alcanzar tal atasco en mi cerebro que me da la sensación de que todo lo que escribo no tiene pies ni cabeza, que es un bloque compacto que he tenido de regurgitar a la fuerza, con gran sufrimiento por mi parte, para no terminar ahogado por su inmensidad.

Nunca antes de comenzar este blog había sido tan consciente del divorcio entre pensamiento y escritura. Durante estos días en que no podía conectarme y desahogar ése atasco, me he dado cuenta que las historias que intento contar son, en cierto modo, incompatibles con el lenguaje, y que su resistencia a ser expresadas con palabras es proporcional a su grado de aproximación a lo importante, de modo que cuando llega el momento de poner negro sobre blanco lo fundamental, nunca encuentro la expresión adecuada a lo que intento contar. Quizá con la próxima revolución tecnológica sea posible incluir en lo que escribimos sentimientos, en vez de simples palabras.

Quiero escribir. No quiero vivir de la escritura, aunque supongo que todos aquellos que somos lectores voraces s
oñamos con convertirnos en escritores de éxito. Y cuanto más difícil resulta llevar a cabo esta labor, más necesidad de ella tengo. Hoy no debería estar escribiendo esto, sino configurando mi ordenador para que vuelva a funcionar como es debido, para volver a contar con la herramienta física adecuada a mis necesidades. Sin embargo, no he podido resistirme a la tentación de hacer una pausa para tener de nuevo un orgasmo creativo que libere la tensión acumulada de buscar y reparar cada pequeño detalle del trabajo que me he encomendado;

Como una pausa en la lectura de un libro erótico para aliviar mediante la masturbación la tensión del ambiente...

lunes, 3 de septiembre de 2007

De la bella interior y exterior

Hace poco recibí un correo con un texto que me pareció genial, porque es algo que llevo repitiendo a las mujeres de mi entorno desde hace ya algunos años. Dice así:

"Mujer...

A los hombres nos importa un carajo cuánto pesan. Es fascinante tocar, abrazar y acariciar el cuerpo de una mujer. Pesarla, no nos produce ningún efecto.

No hay belleza más irresistible en la mujer que la feminidad y la dulzura. Detalles simples y el buen trato, son equivalentes a mil viagras.

Un pecho es un pecho, las caderas, son caderas y punto. Si la naturaleza les dio ese aspecto curvilíneo, es por algo...a nosotros nos gustan así. Ocultar esas curvas equivale a tener tu mejor sillón en el sótano o en el desván de tu casa para que nadie lo vea.

El cuerpo cambia. Crece. No pueden pensar sin estar psicóticas, que les puede entrar el mismo vestido que cuando tenían 18 años. Además, una mujer de 35, que le entre la ropa de cuando tenía 18, o tiene problema de desarrollo, o se está autodestruyendo.

Nos gustan las mujeres que saben manejar su vida con equilibrio y saben manejar su natural tendencia a la culpa. O sea... La que cuando hay que comer, come con ganas...cuando hay que hacer dieta, hace dieta con ganas (no se sabotea ni sufre)... cuando hay que tener intimidad de pareja, la tiene con ganas... cuando hay que comprar algo que les gusta, lo compra (no piensa que le está quitando algo a sus hijos) sino que sabe que ella lo vale y por eso lo adquiere... cuando hay que ahorrar ahorra (y no sufre pensando en lo que se priva), porque lo hace por algo.

Algunas líneas en la cara, algunos puntos de sutura en el vientre, algunas marcas de estrías, no les quita su belleza. Son heridas de guerra, testimonio de que han hecho algo con sus vidas, no han estado años de vagas o en un gimnasio preocupadas por su figura. Han vivido.

El cuerpo de la mujer es el sagrado recinto donde nos gestaron a todos los hombres, donde nos alimentaron, nos mecieron y que nosotros sin querer, arruinamos llenándolos de estrías, de cesáreas y demás cosas que tuvieron que ocurrir para que estemos vivos.

Cuídenlo. Cuídense. Quiéranse. La belleza es todo eso. Todo junto."

Tengo poco que añadir a este compendio de consejos maestros. Como ya dije antes, es algo que sin orden ni concierto he predicado a las mujeres de mi alrededor con más pasión que tino durante los últimos años de mi vida. Lo importante es que hasta el otro día que recibí este correo no me había sentado a ordenar todo aquello que me gustaría haber dicho a mí sobre este tema:

Lo del peso está genialmente expresado. Diariamente me encuentro con mujeres alrededor que viven mirando de reojo a la báscula. O por exceso (la mayoría) o por defecto. Mirad a ver si vuestras parejas os preguntan a diario cuanto pesáis o si antes de cogeros en brazos para jugar o haceros un cariño os piden la tarjeta de la báscula, no vaya a ser que se hernien... ¿A que no? Entonces ¿Por qué es tan importante para vosotras?

Sé que la moda está hecha para las delgadas, o al menos eso dicen; aunque hace pocos días aprendí de una bloguera que las muy delgadas también tienen problemas para encontrar ropa de su talla.

Pero no me cansaré de decir que las más crueles con las propias mujeres. Si los hombres dictásemos lo que ha de estar de moda y el modelo de belleza que nos gusta, probablemente las claudias chíferes y las lindas evangelistas se hubieran muerto de hambre hace décadas. Y hablo de hombres, no de adolescentes con las hormonas en ebullición ni de tarados u obsesos. Ni tampoco de homosexuales amanerados que se creen creadores de tendencias. Pensad que probablemente ellos os odien por la feminidad que vosotras exhibís y de la que ellos carecen. ¿A esos envidiosos los estáis dejando que dicten vuestro canon de belleza? ¿No os parece un poco surrealista? A mí me daría terror saber que una de esas antiguas feministas que pensaban que los hombres deberían ser castrados diseñase los preservativos que uso... o mis pantalones siquiera. Así que ¿Por qué vosotras os plegáis a esas modas? Lo siento, pero me parece ridículo.

Los hombres, para nuestra desgracia, aún no hemos evolucionado lo suficiente. Seguimos viviendo en las cavernas. Si la Historia, así con mayúsculas, fuera realmente comprendida en vez de memorizada en las escuelas, os daríais cuenta que nuestro ideal de belleza no se ha modificado desde la venus de Willendorf. Los griegos, auténticos artífices de nuestra cultura, establecieron unos IDEALES de belleza en sus esculturas de Afrodita o en sus venus.

Si os fijáis en ellas no hay ninguna esquelética, aunque estén lejos de la de Willendorf. Pero imagino que hasta los propios escultores que pergeñaron el engaño debían convivir con esposas y hermanas que no tenían nada que ver con ese ideal, y que sin embargo les hacían muy felices. Tanto como para tener el tiempo suficiente para esculpir y crear arte.

El ideal de belleza femenina ha pendulado desde entonces muchas veces a lo largo de la historia de la humanidad. Pero desde siempre, a los hombres nos han seguido gustando las mujeres con curvas. Y las que no tienen tantas curvas pero son muy femeninas. Y las que no tienen ninguna de estas dos características, pero se preocupaban de hacernos felices. No conozco a ningún hombre de verdad al que le guste verse al lado de una muñeca siliconada, no siendo para pasear y despertar envidia a algún adolescente o colega tan inmaduro como él mismo. Pero vivir a su lado... eso jamás...

Llega un momento de todo macho de la especie en el que dejas de masturbarte pensando en tías despampanantes, o viendo vídeos de la red en la que aparecen porno stars rellenas como un pavo. En ése momento descubres que lo importante para excitarse es ver la belleza interior, la forma que una mujer de verdad tiene de vivir su orgasmo. Es cuando te gusta más ver a una hembra de verdad en las películas llamadas amateurs. Es cuando una sonrisa te encandila más que un par de tetas abultadas. Y es cuando te das cuenta que es el momento de vivir al lado de una persona que te proporciona tranquilidad, cariño y estabilidad. Y entonces te da igual si le sobran los kilos o le faltan pechos. Da igual si tiene unas estrías en tal o cual sitio. Lo importante es que has aprendido a amar y para nosotros vuestro culo es el culo más bonito del mundo. Sin comparación.