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lunes, 15 de octubre de 2007

Las razones ¿ocultas?

Me encanta esto del blogger. Será porque soy de los que pienso que discutir es la llave para encontrar el porqué de las cosas al poder compartir con otros nuestro punto de vista; porque como decía Joseph Joubert: "Es mejor debatir una cuestión sin resolverla, que resolver una cuestión sin debatirla.", o, simplemente, porque me gusta polemizar, discutir, debatir y defender mis ideas a capa y espada. El caso es que cada día me gusta más poder escribir aquí lo que pienso y compartir mis ideas con otros miembros de este mundo, que afortunadamente, tienen mentes más preclaras que la mía. Es fascinante, de verdad.

Sé que últimamente, a pesar de lo que acabo de escribir, no le estoy prestando demasiada atención a este pequeño lugar en que me desahogo. Pero tengo una excusa perfecta: estoy completamente enamorado. Sí, sí... me he enamorado como un crío de quince años, pero no de una mujer; ni siquiera de una persona o de un animal. No. Me he encoñado del todo con el Linux. Concretamente de la distribución que he instalado en mi ordenador, Ubuntu. No podéis imaginar lo ilusionado que estoy con las cosas nuevas que estoy aprendiendo... es alucinante lo poco que sabía de ordenadores, creyéndome un adelantado en estas cosas de la informática, hasta que he instalado (por cierto, que se tarda menos de diez minutos en hacerlo y no hay que borrar nada del ordenador, si os animáis), configurado y hecho funcionar a mi gusto (A MI GUSTO) el dichoso aparatito que me mantiene comunicado con el mundo exterior. El caso es que me he lanzado a estudiar y me siento más que satisfecho de lo mucho que he aprendido en estos pocos días. Mucho más de lo que había aprendido en los últimos dieciséis años que llevaba usando el invento de mi amigo Guillermo Puertas.

Entre lo que estoy estudiando y que me había propuesto sorprender a mi amiga INTE con un buen cuento en el concurso de Zaragoza al que ambos nos hemos comprometido a participar, estaba dejando bastante de lado este pequeño diario. Después de todo, todos tenemos una vida real paralela a la que disfrutamos en este "no-sitio". Una vida a la que también tenemos que prestar atención de vez en cuando para seguir disfrutando de ambas.

Pero este retiro voluntario, parcial y temporal ha sido roto por la necesidad de denunciar la manipulación a la que estamos siendo sometidos.

Aviso que, a riesgo de ser un pesado, de volverme un tipo cargante e insistir una y otra vez sobre la misma materia, hoy vuelvo a escribir sobre el dichoso cambio climático de mis entretelas. Lo digo por si alguno que esté leyendo esto se quiere retirar ahora y no volver a leer mis opiniones sobre este recurrente tema.

¿No? Bueno, vosotros mismos... El que avisa no es traidor:

No sé si se puede estar más indignado que yo sobre este maldito asunto, de verdad... Y es que cuanto más profundizo en él, más me solivianta la impunidad con que nos manejan aquellos que tienen dinero suficiente para sobornar (no encuentro una palabra más adecuada para definir esta situación) a los medios de comunicación generalistas y manipular nuestra opinión.

Ya escribí en su momento que el documental del amigo yanqui Al Gore no era más que una sucesión de chapuzas, leyendas, infundios, exageraciones y despropósitos infundados envueltos en un halo de ecología de salón, muy conveniente a sus intereses. Y es que no deberíamos perder de vista que este señor no es más que la cabeza de un grupo de empresarios que se metió a político... empresarios que por cierto, se dedican a la producción de lámparas de bajo consumo, paneles solares, motores eólicos y otras muchas actividades no tan bien vistas desde el mundo verde (industrias químicas, centrales nucleares, gestión de residuos radiactivos, etc.). Bien, pues eso a la gente no le sale de ojo... no entiendo por qué... imagino que porque se cuidan muy mucho de dar publicidad a estos asuntos. En cambio, la operación de marketing que han montado con el dichoso documental supera con mucho cualquier producción cinematográfica hollywoodiense al uso.

Tanto es así, que meses después de su estreno, las consecuencias del eco público suscitado por ése cuento de ¿ciencia? ficción ya se empiezan a recoger en todos los ámbitos. Incluso aquí, en el blogger... Y eso que se supone que los que estamos conectados a la red somos personas con un nivel cultural superior a la media, que estamos mucho mejor informados, puesto que tenemos a nuestra disposición toda la información que Internet nos ofrece. Pues bien: no es así. O no es así en todos los casos. Supongo que por falta de interés a la hora de buscar otros puntos de vista distintos de los que nos dan ya digeridos y procesados... no quiero ni pensar que sea por otras causas.

Pero ése no es el problema grave, no... Además, con toda la publicidad que le han dado al... documental... (perdón pero es que se me atraganta la palabra), no es extraño que unos cuantos, incluso muchos de los que han oído hablar de él o que lo hayan visto se sientan alarmados, si los conocimientos necesarios para interpretarlo no forman parte de su formación. No: el problema grave es que no nos están permitiendo escuchar a los que realmente saben de esta disciplina, es decir, geólogos, climatólogos, meteorólogos y ecologistas científicos de verdad, no de los de mesarse los cabellos y salir a gritar a la calle.

Veréis: Sé que lo que voy a decir ahora no tiene rigor, pero es que no tengo las cifras exactas, así que valdrá con una aproximación a ojo de buen cubero.
En el mundo habrá aproximadamente unos 25.000 científicos que se ocupan del tema medioambiental. SÓLO (aproximadamente) unos mil quinientos se creen ALGO de lo que "Una verdad Incómoda" ha puesto en el mercado de la Apocalipsis mediática en los últimos meses.

Pero no se nos deja escucharlos.

De los mil quinientos que apoyan esa bazofia, sólo unos pocos han participado en el informe de la Comisión de expertos que ha elaborado el informe del IPCC. Curiosamente, aquellos cuyas investigaciones están apoyadas económicamente por los socios de Al Gore... sin comentarios...

Para responder a una chica que visitó recientemente mi blog, Susana, he de decir que la gran mayoría de los que participaron en la elaboración de dicho informe son investigadores independientes y catedráticos universitarios, por lo que sus sueldos no dependen directamente de los gobiernos a los que tanto trabajo les cuesta implementar medidas para paliar los efectos de la contaminación o del uso del suelo. No son, por tanto, tan manipulables como los expertos del señor Gore y compañía. Creo que esto baste para hacerse una idea de la diferencia de criterio.

Pero la cosa no acaba ahí. Hace unos pocos días, un juez inglés dictó sentencia sobre una querella presentada por un grupo de científicos ingleses que se sienten tan indignados como yo mismo en lo que al asunto que nos ocupa se refiere. Cuando se comenzó a comercializar la película, hicieron un análisis serio de los datos que contenía el cuento de hadas; contrastaron las informaciones y decidieron que lo mejor sería acudir a los tribunales en vez de usar las armas que los partidarios del señor Gore utilizan: el desprestigio y la quema pública de sus reputaciones. Pues bien, dicha sentencia concluye que el mal llamado documental se basa en 9 afirmaciones seudocientíficas completamente FALSAS. Y que las pruebas que se sugieren dentro del mismo para demostrar esas afirmaciones son, cuando menos ridículas. Baste como ejemplo lo que más se ha comentado: La muerte de los pobrecitos osos polares. Murieron un total de once ahogados en el periodo que propone Al Gore con cara de jesuita contrito. Todos ellos, según las pruebas aportadas en el juicio, a causa de una tormenta... ni por deshielo ni por cambio climático... joder... que patinazo...

¿Alguien se ha enterado de esta noticia? ¿A que no? Yo la vi en el Norte de Castilla de pura casualidad... estaba en la parte derecha de la hoja izquierda del periódico. Junto al doblez de las hojas y no ocupaba más que ocho o nueve líneas. quién sepa algo sobre comunicación que saque sus propias conclusiones. Para los demás: ése es el sitio donde se pone lo que no interesa que nadie lea. Ya está dicho.

Rápidamente los expertos en publicidad que asesoran al ex candidato a presidente de Yanquilandia se pusieron a trabajar para contrarrestar el daño hecho a la imagen del nuevo salvador del mundo... Hay que hacer algo muy sonado y muy importante para que la noticia de este varapalo no se divulgue y nos deje con el culo al aire.

¿Y qué mejor publicidad que un premio Nobel de la Paz? Así nadie se atreverá a contradecir lo que el monigote barbote en un futuro próximo... porque emprenderla contra un premio nobel de la paz está muuy mal visto... Pues hala... a soltar la pasta necesaria y que lo beatifiquen ipso facto...

Sé que no he dejado en muy buen lugar a los Nobel de la Paz. Pero si piensas que también se lo dieron a Henry Kissinger que era el responsable de la CIA que pergeñó, instauró y apoyó una docena de dictaduras en Latinoamérica, Chipre, Timor, etc. durante su mandato... no es que yo les esté dejando mal, es que se dejan mal ellos solos... Vaya usted a saber... igual es que los de la Fundación Nobel estaban este año cortos de dineros.

Ahora, con este maravilloso y bien merecido premio, habrá quién aún piense que Al Gore es el responsable de abrir los ojos al gran público sobre la verdad del cambio climático. Una verdad manipulada, pero fácil de vender. Una verdad que cuando la mayoría se de cuenta del engaño sí se convertirá en una verdad muy incómoda. Tiempo al tiempo.

P.D. Por favor, lean los enlaces, que son muy interesantes y aclaran muchas cosas, así me evito tener que repetirlas en las respuestas a los comentarios.


martes, 24 de julio de 2007

Ya no estoy solo contra el timo

En estos días en que la desgracia y los efectos del clima cambiante vuelven a trastornar la vida de media Europa; en que, de nuevo los cínicos campan a sus anchas mesándose los cabellos por lo malos que somos con nuestro medio ambiente, en que los dueños de los poderes de comunicación vuelven a hacer campaña para concienciarnos del cambio climático, incluso tergiversando informaciones publicadas por revistas de prestigio; y en que ésas revistas de prestigio se dejan comprar por los responsables de la orquestación de la campaña; en estos días, digo, me alegra comprobar que no estoy sólo frente al timo que pretenden vendernos con lo del calentamiento global; que hay más gente interesante dispuesta a destapar el engaño, con la inteligencia y visión global necesarias para distanciarse y ver lo que en el fondo es toda esta artimaña.

Hace unos días me encontré en las páginas del Norte de Castilla, periódico de mi ciudad, esta viñeta firmada por Sansón que resume a la perfección las medidas que se están tomando para paliar los supuestos efectos del ficticio cambio climático. Sin más comentarios.

P.D. La revista científica que se ha vendido se llama Nature y no concluye que estos aumentos de lluvia se deban al cambio climático, sino que dice “pero no ha habido evidencia concluyente que estamos viendo efectos humanos”, pero claro, eso ya es suficiente para hacer sonar las alarmas... juzguen ustedes.

jueves, 22 de marzo de 2007

La mentira del calentamiento global

No puedo evitarlo, soy un descreído... Y un cínico, en el sentido filosófico de la palabra. Lo siento pero es así. Tuve la suerte de criarme junto a un filósofo de izquierdas radical, un obrero sindicalista, quizá demasiado fanático e inmovilista, que pensaba que los “americanos” (entiéndase los habitantes de los EEUU de América del Norte) eran el mismísimo demonio; un pueblo zafio, ignorante y prepotente. Lástima que tuviera tanta razón, como me han demostrado con el tiempo.

Más tarde, otras muchas personas influyeron positivamente en el crecimiento de mi personalidad tal y como es ahora. Probablemente quienes más influencia tuvieron son dos profesores de bachillerato, auténticos genios de la enseñanza. El primero, Ramón Vecino, un profesor de Filosofía con una inteligencia afilada como un bisturí que me enseñó a dudar de la información que nos llega masticada a través de los medios de comunicación de masas. Hizo que me acostumbrara a buscar por mis propios medios los datos de aquellas noticias que me interesaran y que contrastara cada información con su contrario, si quería hacerme una idea clara y global de la noticia. Y la segunda, mi amor platónico: mi profesora de Historia Maria Antonia Salvador, una mujer de bandera con las ideas más claras que un vaso de agua destilada, cuya aportación al mecanismo con que funciona mi cerebro nunca agradeceré bastante. Ella me enseñó que no hay razones místicas ni honorables en la historia de la Humanidad, que los grandes movimientos históricos vienen dictados siempre por intereses económicos que se nos escapan a la mayoría, generalmente por que nos lo ocultan, ya que si los conociéramos, estaríamos menos dispuestos a ser manipulados para, por ejemplo, entrar en guerra con nuestros vecinos.

Así que, desde siempre, me he acostumbrado a buscar por los medios que tengo a mi alcance los distintos puntos de vista de las corrientes de opinión que me rodean. Y en eso Internet fue desde el principio una ayuda inestimable.

Digo esto, a modo de introducción, porque en los dos últimos años no hago más que intentar desmentir a mi alrededor una serie de noticias apocalípticas que me tienen más que mosqueado. Ayer, un amigo mío al que tengo gran aprecio por su fina inteligencia, Manuel, de Vitoria, me hizo llegar un documental producido y protagonizado por el ex vicepresidente de los EEUU Al Gore titulado “Una verdad incómoda”. Al envío del documental le acompañaban unos comentarios alarmistas sobre el frío y la nieve primaveral que caía en ése momento sobre su ciudad, echándole la culpa de estas incomodidades al calentamiento global... Y no he podido resistir la tentación de intentar sacar de su error a mi amigo y, de paso, a todo aquel que lea esto.

Para empezar, como he explicado antes, el hecho de que un individuo como Al Gore se dedique ahora a venderme algo, ya me hace sospechar por principio. Estoy seguro que esto que me ofrece con su barniz de buen cristiano, liberal y concienciado ecologista, me va a costar mucho dinero. Nos va a costar mucho dinero a todos los que le escuchen; porque, no nos engañemos, a estos señores no les mueven intereses altruistas, sino económicos. Lo que aún no tengo muy claro es la manera en que piensan hacerlo. Pero tranquilos, ellos seguro que sí han pensado la forma. Claro que si piensas que el individuo en cuestión es uno de los fundadores de Generation Investment Management, empresa dedicada a la producción de energías alternativas, ya la cosa va tomando un poco más de sentido... ¿No?

De modo que mi primer acercamiento al docudrama del esposo de la más despiadada censora de la historia de Yankylandia ya está lleno de prejuicios antes incluso de darle al “play” y escuchar los primeros chistes sin naturalidad del responsable de la muerte de tantísimos habitantes de New Orleáns (¡Uy!, Se me había olvidado comentar que este señor se negó en redondo a reparar los diques que protegían a los habitantes de la ciudad devastada por el Katrina cuando era vicepresidente, a pesar de los informes científicos que predecían la catástrofe... Seré despistado... ¿O no?). Vale, voy a dejarme de ironías y centrarme en el tema; Y a pesar de mi evidente antipatía ideológica con el santo verderón éste, y del asco que me dan todos estos hipócritas que se ponen la etiqueta de ecologistas porque “lo verde vende”, voy a tratar de ser objetivo. Por que, en el fondo, la idea que nos vende en el documental no es mala. Lo malo son los objetivos que pretenden, los medios que utilizan para llegar a ellos y los datos erróneos en los que se basa.

La cinta en sí misma no vale un pimiento, ni por contenido ni por realización. Usa las técnicas de venta que llegan al espectador medio de los EEUU de forma tan descarada que cualquiera que la vea fuera de su país, en vez de darle un oscar, la hubiera puesto como telefilme de esos de mediodía “basados en hechos reales” que no ve ni Dios, porque te estás echando la siesta tranquilamente. Lo del accidente de su hijo y lo del cáncer de pulmón en medio de un discurso que pretende ser científico, es para ponerse a mear y no echar ni gota, en serio.

Pero vamos al contenido “científico” del documental, que también tiene miga:

Empieza por tratar de convencernos que lo que nos va a contar es la verdad absoluta... pffff... Y con todo el descaro del mundo, asegura que el 100% de los científicos del mundo están de acuerdo con los hechos que nos va a presentar. Claro, que lo que nos presenta no son hechos, sino dogmas de fe. Y, sinceramente, desconozco si el 100% de los científicos están de acuerdo con él, aunque lo dudo mucho. Lo que tengo claro es que yo no soy científico, pero recuerdo muy bien lo que estudié en Geología, lo que me enseñaron mis profesores, y no concuerda ni de lejos con lo que postula este señor. Es más, para no fiarme de mi memoria, he tenido a bien leerme las 94 páginas del tercer informe de evaluación sobre el cambio climático del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), y resulta... ¡O, cielos! ¡Tampoco están de acuerdo con lo que dice el ecologista de salón! Debe ser que ellos tampoco son científicos, claro... Pues que se vayan preparando, que en cuanto se descuiden los ponen de patitas en la calle. Me viene a la memoria un tipo, no recuerdo si es sueco o noruego o finlandés o danés. Un tío valiente al que los ecologistas de Greenpeace han demonizado por usar las mismas cifras en que ellos basan sus afirmaciones apocalípticas y lanzárselas a la cara (Por supuesto, los científicos ecologistas de esta ONG le contestaron también científicamente, echándole a la cara no cifras nuevas, o distintas conclusiones con las mismas cifras, sino un pastel de merengue). Creo que se llamaba Lomborg o algo así. El caso es que ése señor ha sido vetado en todo el mundo y tachado de reaccionario, conservador, antiecologista, asesino, etc, etc... Por llevar la contraria al todopoderoso y ahora apoyado por casi todo el mundo Greenpeace. A ver, seamos serios señores: no pretendo atacar a una organización con tanto prestigio como esta, pero me temo que se han quedado atascados en los principios del movimiento ecologista. Llevan 35 años de retraso con respecto a las matemáticas del caos, a la comprensión de la dinámica no lineal, a los sistemas complejos y demás modelos que, desde hace tiempo, imperan en el estudio de la ecología y la geología. En el año 2007 no se puede seguir actuando responsablemente con conceptos propios de los años sesenta. Lo siento mucho, pero es así.

Sigamos: En el documental nos presentan un futuro muy próximo con la desgraciada pérdida de los casquetes polares. ¡Ay, pena, penita, pena... pena! La verdad es que la presentación de powerpoint tiene un curro grandioso y queda en el documental de puta madre... la lástima es que casi todo lo que dice es mentira. Y no lo digo yo, lo dicen esos del IPCC. Es verdad que en el Ártico la masa de hielo se está haciendo cada vez menor. Pero, por el contrario, la Antártida se congela a una velocidad mayor que el deshielo del polo contrario. A excepción, eso sí, de la península más septentrional del continente, precisamente la que nos enseña el señor Gore en su presentación. Quién no se lo crea, que vaya a la página 9 del citado informe. O sea, que de lo de los 7 metros de aumento del nivel del mar, nada de nada. Como mucho, y sin tener en cuenta las diferencias de velocidad entre el deshielo del Ártico y la congelación de la Antártida, estos “no científicos” predicen un aumento de 0,6 m en el nivel del mar. Cachis en la mar... con lo bien que le había quedado lo del colapso de la corriente del Golfo... que por cierto, tampoco tiene sentido, y menos con la explicación sobre la salinidad y el deshielo que nos lanza este tipo. Se ve que a él se lo han contado así y así lo explica él. Basarse en lo que ocurrió en el norte del continente americano en la última glaciación para hacer una predicción semejante tiene el mismo sentido que el razonamiento siguiente: Si mezclando coca-cola con vino hago calimocho, que está buenísimo, si mezclo un rioja con un jumilla, seguro que me sale un Vega Sicilia ¿no?. Pues eso...

Y claro, a partir de ahí, como parte de datos erróneos, las tonterías pseudo científicas van creciendo como una bola de nieve. Os juro que no he podido por menos que troncharme de risa cuando ha sugerido que la gripe aviar y la tuberculosis se han desarrollado gracias al calentamiento global. Hasta a mí me ha hecho dudar con lo del aumento de la frecuencia e intensidad de los huracanes, tornados, tifones y demás anomalías climáticas. Menos mal que el informe del IPCC dice en su página 6 que “a pesar de que hay alguna evidencia de que la intensidad puede haber subido desde 1970 en el Atlántico, los datos no permiten ver tendencias a largo plazo ni en la intensidad ni en la frecuencia de los huracanes.” Por cierto, en el Pacífico estas anomalías han disminuido tanto en frecuencia como en intensidad. Pero de eso no hay ninguna mención en la peli de ciencia-ficción que nos ocupa.

Bueno, ya me he cansado de poner verde al señor Gore y a su cuento cuasi ecologista. No tiene sentido seguir criticando algo que desde el principio no cuenta con más credibilidad que la que le puedan dar aquellos que no han visto de geología poco más que la deriva continental. También hay que tener en cuenta que en el país de este hombre no todo el mundo cree en la teoría de la evolución, así que bastante se han molestado con su realización.

Lo importante de todo este asunto es la forma en que se manipula la ciencia para que sirva a los intereses económicos de quien paga las investigaciones. El propio informe del IPCC rezuma un olorcillo a Greenpeace que se puede apreciar desde el otro lado de la habitación. Y claro, así no hay quién se aclare de lo que es el calentamiento global, el cambio climático o la Biblia en verso. Mientras no paguemos a los científicos por investigar de verdad, sin tener en el horizonte una conclusión favorable a quién suelta la gallina, nunca tendremos conclusiones fiables sobre cuestiones que nos interesan a todos. Recuerdo que en cierta ocasión leí un artículo en la revista Science del ex director de la Asociación Americana para el Desarrollo de las Ciencias en el que se quejaba de que los malos informes científicos pasan factura a la credibilidad, no sólo de quien los escribe, sino de la ciencia en general. No lo permitamos, y no nos dejemos engañar. No digo que el calentamiento del planeta no sea un problema, que lo es. Lo que propongo es que no se exagere ni se alarme a aquellos que no tienen acceso a la información adecuada para hacerse una idea clara, real, del problema.

Lo que yo sé es lo siguiente:

Ø Estamos en un proceso natural de calentamiento del planeta, propio de periodos entre dos glaciaciones. Estos periodos se caracterizan por presentar épocas alternativas de calentamiento y enfriamiento, probablemente debido a uno de los movimientos de la tierra llamado precesión que tiene un ciclo de 25.000 años.

Ø Hasta aproximadamente 1850, la tierra sufrió un enfriamiento progresivo que duró unos 400 años. Desde entonces, el calentamiento ha sido progresivo.

Ø El presunto calentamiento global no existe como tal. Existen calentamientos locales, que son compensados por enfriamientos en otros lugares del planeta y existe una tendencia general al calentamiento de origen totalmente natural.

Ø Paralelo a este calentamiento se puede apreciar un aumento del nivel de CO2 que, en sus inicios no tenía nada que ver con la actividad industrial humana, ya que era prácticamente inapreciable.

Ø La actividad humana probablemente influye en dicho calentamiento, así como en el aumento de emisiones de CO2, de azufre, y de otros compuestos, más ligados al uso de la tierra que a la actividad industrial.

Ø El aumento del CO2 ambiental favorece el crecimiento de las plantas, así como el aumento de la temperatura ambiental.

Ø La contaminación industrial es perjudicial para la atmósfera, para los seres vivos que la respiramos y para la conservación de los bienes naturales en general, por lo que es urgente su control, y mejor su supresión, pero ello implicaría un desastre mayor para la humanidad, desde el punto de vista económico.

Ø El índice de calentamiento de este siglo, no superará el grado centígrado aunque nos propongamos quemar el planeta entero, ya que éste posee sus propios sistemas de regulación naturales.

Ø Postular que el calentamiento de las masas oceánicas es el factor determinante del proceso de calentamiento global es una falacia, ya que el aumento de las temperaturas se debe más a la tierra firme que al agua.

Ø Instalarse en el fanatismo ecológico no tiene más objetivo que mantener los privilegios económicos de los países desarrollados, impidiendo a los países del Tercer Mundo la explotación de sus recursos con la peregrina excusa de que contaminan mucho. Es mejor el “desarrollo sostenible” que les impide crecer a la velocidad que necesitan.

Ø NO SE PUEDE pensar que el conservacionismo es ecológico. Por definición la ecología es cambiante. La Tierra es cambiante, el clima es cambiante. Todo en este planeta es dinámico y obedece a ciclos continuos que varían en temperatura, humedad, etc. Si pretendemos conservar algo, probablemente nos lo estemos cargando inconscientemente.

En resumen: meter miedo al público en general sobre catástrofes cuyo origen es perfectamente natural y lógico y que DEBEN producirse para que el ciclo natural siga su curso sólo puede tener un objetivo puramente económico. Vamos a meterles miedo, y luego les vendemos la solución, que de todas formas se producirá tarde o temprano.

Para terminar, por si no ha quedado suficientemente claro, quiero decir que no estoy en contra de que se tomen medidas para el ahorro de energía, para la implantación de energías limpias y cualquier otra medida que favorezca al medio ambiente, al contrario, creo que esas medidas deberían haber sido obligatorias hace muchísimo tiempo. Quiero que mi hija se críe en un planeta cuyo medio natural sea cada día más fuerte y variado, sin agresiones humanas que lo degraden más de lo natural y necesario. Lo que no estoy dispuesto es a dejar que grupos interesados, ya sean ecologistas o industriales manipulen a su antojo el medio en que todos tenemos que vivir o la información necesaria para su conocimiento.