MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA
Ya estoy aquí de nuevo. A pesar de las vacaciones. A pesar de la maldita gripe que me ha tenido cuatro días en el limbo de la fiebre. A pesar del cambio de ordenador y de los ajustes de última hora. Y a pesar de la falta de tiempo; no quiero renunciar a tener al menos un par de horas a la semana para poder escribir aquí y contestar a los pocos que seguís visitando este inconstante sitio. A todos vosotros, gracias por las muestras de apoyo y la constancia que le faltan a este humilde autor.
No puedo prometeros que continuaré escribiendo al mismo ritmo que hasta ahora. Entre los estudios (me he empeñado en aprender lo máximo posible del sistema operativo que ahora estoy utilizando y sacarme algún título de administrador o algo parecido), el trabajo en la fábrica, atender a mi esposa e hija y el mantenimiento de la casa, con sus comidas, sus compras, etc, no creo posible volver al ritmo anterior; más que nada por falta física de tiempo. Por muy bien que me organice, el día seguirá teniendo 24 horas. Así que os ruego paciencia, prometo actualizar tan pronto como me sea posible, nunca antes... jejejeje...
Al lío:
Muchas veces me he quejado, tanto delante de vosotros como en privado, de la atmósfera de incultura que nos rodea, en general. Esa falta de interés por todo aquello que no sea la película hiper violenta de moda, la televisión atontadora o el vídeo juego que convierte nuestros pocos momentos de asueto modernos en horas perdidas a lo tonto y a lo bobo. Y ya vemos los resultados, cada día, en los periódicos o en los informativos: Gente que opina de los asuntos que le preguntan por la calle como si estuviera elaborando un informe sesudo, sin tener ni la más remota idea y sin haberse informado sobre el tema (con lo cual quedan en el más absoluto de los ridículos). Muchachos que se crecen ante la supuesta o pretendida inmunidad que les concede la ley, hasta el punto de apalear a una mujer y después negar con el mayor descaro del mundo su responsabilidad ante los hechos. Ignorancia supina sobre la historia de nuestro pasado más cercano, e incluso una terrible y vacía falta de memoria (no sé si auténtica o provocada) sobre lo que ha hecho fulano o mengano los últimos ocho años, que nos convierte a la minoría que recordamos en enemigos peligrosos; y la mayoría olvidadiza en fácilmente manipulable.
Seguramente pensaréis que estoy mezclando conceptos: No es así. La falta de cultura general deriva en un uso mínimo de nuestras neuronas que, atrofiadas por la inactividad, nos conducen a una suerte de alzheimer colectivo que nos embrutece y facilita la manipulación de opiniones.
Pero no todo es echar la culpa a los demás, no. Yo también tengo que aceptar, al igual que cada uno en su casa, mi parte de responsabilidad en este problema. Tengo que reconocer que soy un puto pedante sabihondo que presume de los temas que domina y no reconoce sus propias carencias. Y eso es más grave que ver la paja en el ojo ajeno. Porque es la vastedad (con uve) de nuestra cultura lo que nos hace mejores personas, más receptivas y más abiertas a las opiniones de los demás. Es lo que dice la famosa frase de "los nacionalismos se curan viajando", cuyo autor, desgraciadamente, no recuerdo.
Mi viga en el ojo ha sido siempre la poesía. Para mi desgracia, nunca he sabido paladearla. La bebo como quien bebe un vino de marca excelente, pero cuyo sabor no le agrada. Más por convencionalismo social que por verdadero gusto. Continuando con la alegoría, prefiero los vinos sencillos y caseros de la novela fantástica (que hasta hace poco apenas podía leer por faltarme una regla imprescindible) que la pesadez del virtuosismo lingüístico y el preciosismo poético.
Y quizá el origen de esta grima literaria tenga su origen en la formación recibida. En la obligación de leer auténticos peñazos poético-depresivos de eminencias literarias como Rubén Darío o Juan Ramón Jimenez. Porque hay una pequeña parte de poesía que sí me gusta. Recuerdo con cariño las primeras poesías escritas en castellano ("Faciendo la via do calatraveño non vi una vaqueira tan fermosa como aquella vaqueriña de la Finojosa"), o la "Canción del pirata" o aquella otra que hablaba de las penas de un prisionero en su celda y la esperanza que le ofrecía un pájaro cada amanecer. Aquella poesía sí me gustaba. Era más sencilla, más auténtica.
Hoy, en cambio, la poesía se ha hecho tan rebuscada, tan críptica, tan personal que apenas puede ser entendida, salvo honrosas excepciones, por su propio autor y cuatro personas muy cercanas al mismo. Es cierto que sigue siendo estéticamente agradable en algunos casos (Esto va por ti Angie); y que es eso lo importante, al parecer... pero sigue siendo para la mayoría de nosotros difícil y pesada. Quizá por eso no es económicamente rentable ni para las editoriales, ni para los propios poetas. Es dificilísimo vivir de la poesía, por no decir imposible. Salvo que además de poeta, aproveches tu sensibilidad artística y aprendas también música.
Porque los poetas modernos, hoy por hoy, si quieren vivir de su arte, han de ser además músicos. Ahí sí hay mercado. Todos conocemos ejemplos vivos de esta especie cuyo éxito no se debe a su virtuosismo con determinado instrumento, sino a la composición poética de sus canciones.
Se me acaban las ideas para escribir, así que os lanzo una pregunta. ¿Cuentan, para descargo de mi propio ego, las canciones que escucho como poesía para cargar mi bagaje cultural?
Malos tiempos para la lírica, como cantaron en su época "Golpes Bajos": Este sí es un buen ejemplo.





