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lunes, 3 de septiembre de 2007

De la bella interior y exterior

Hace poco recibí un correo con un texto que me pareció genial, porque es algo que llevo repitiendo a las mujeres de mi entorno desde hace ya algunos años. Dice así:

"Mujer...

A los hombres nos importa un carajo cuánto pesan. Es fascinante tocar, abrazar y acariciar el cuerpo de una mujer. Pesarla, no nos produce ningún efecto.

No hay belleza más irresistible en la mujer que la feminidad y la dulzura. Detalles simples y el buen trato, son equivalentes a mil viagras.

Un pecho es un pecho, las caderas, son caderas y punto. Si la naturaleza les dio ese aspecto curvilíneo, es por algo...a nosotros nos gustan así. Ocultar esas curvas equivale a tener tu mejor sillón en el sótano o en el desván de tu casa para que nadie lo vea.

El cuerpo cambia. Crece. No pueden pensar sin estar psicóticas, que les puede entrar el mismo vestido que cuando tenían 18 años. Además, una mujer de 35, que le entre la ropa de cuando tenía 18, o tiene problema de desarrollo, o se está autodestruyendo.

Nos gustan las mujeres que saben manejar su vida con equilibrio y saben manejar su natural tendencia a la culpa. O sea... La que cuando hay que comer, come con ganas...cuando hay que hacer dieta, hace dieta con ganas (no se sabotea ni sufre)... cuando hay que tener intimidad de pareja, la tiene con ganas... cuando hay que comprar algo que les gusta, lo compra (no piensa que le está quitando algo a sus hijos) sino que sabe que ella lo vale y por eso lo adquiere... cuando hay que ahorrar ahorra (y no sufre pensando en lo que se priva), porque lo hace por algo.

Algunas líneas en la cara, algunos puntos de sutura en el vientre, algunas marcas de estrías, no les quita su belleza. Son heridas de guerra, testimonio de que han hecho algo con sus vidas, no han estado años de vagas o en un gimnasio preocupadas por su figura. Han vivido.

El cuerpo de la mujer es el sagrado recinto donde nos gestaron a todos los hombres, donde nos alimentaron, nos mecieron y que nosotros sin querer, arruinamos llenándolos de estrías, de cesáreas y demás cosas que tuvieron que ocurrir para que estemos vivos.

Cuídenlo. Cuídense. Quiéranse. La belleza es todo eso. Todo junto."

Tengo poco que añadir a este compendio de consejos maestros. Como ya dije antes, es algo que sin orden ni concierto he predicado a las mujeres de mi alrededor con más pasión que tino durante los últimos años de mi vida. Lo importante es que hasta el otro día que recibí este correo no me había sentado a ordenar todo aquello que me gustaría haber dicho a mí sobre este tema:

Lo del peso está genialmente expresado. Diariamente me encuentro con mujeres alrededor que viven mirando de reojo a la báscula. O por exceso (la mayoría) o por defecto. Mirad a ver si vuestras parejas os preguntan a diario cuanto pesáis o si antes de cogeros en brazos para jugar o haceros un cariño os piden la tarjeta de la báscula, no vaya a ser que se hernien... ¿A que no? Entonces ¿Por qué es tan importante para vosotras?

Sé que la moda está hecha para las delgadas, o al menos eso dicen; aunque hace pocos días aprendí de una bloguera que las muy delgadas también tienen problemas para encontrar ropa de su talla.

Pero no me cansaré de decir que las más crueles con las propias mujeres. Si los hombres dictásemos lo que ha de estar de moda y el modelo de belleza que nos gusta, probablemente las claudias chíferes y las lindas evangelistas se hubieran muerto de hambre hace décadas. Y hablo de hombres, no de adolescentes con las hormonas en ebullición ni de tarados u obsesos. Ni tampoco de homosexuales amanerados que se creen creadores de tendencias. Pensad que probablemente ellos os odien por la feminidad que vosotras exhibís y de la que ellos carecen. ¿A esos envidiosos los estáis dejando que dicten vuestro canon de belleza? ¿No os parece un poco surrealista? A mí me daría terror saber que una de esas antiguas feministas que pensaban que los hombres deberían ser castrados diseñase los preservativos que uso... o mis pantalones siquiera. Así que ¿Por qué vosotras os plegáis a esas modas? Lo siento, pero me parece ridículo.

Los hombres, para nuestra desgracia, aún no hemos evolucionado lo suficiente. Seguimos viviendo en las cavernas. Si la Historia, así con mayúsculas, fuera realmente comprendida en vez de memorizada en las escuelas, os daríais cuenta que nuestro ideal de belleza no se ha modificado desde la venus de Willendorf. Los griegos, auténticos artífices de nuestra cultura, establecieron unos IDEALES de belleza en sus esculturas de Afrodita o en sus venus.

Si os fijáis en ellas no hay ninguna esquelética, aunque estén lejos de la de Willendorf. Pero imagino que hasta los propios escultores que pergeñaron el engaño debían convivir con esposas y hermanas que no tenían nada que ver con ese ideal, y que sin embargo les hacían muy felices. Tanto como para tener el tiempo suficiente para esculpir y crear arte.

El ideal de belleza femenina ha pendulado desde entonces muchas veces a lo largo de la historia de la humanidad. Pero desde siempre, a los hombres nos han seguido gustando las mujeres con curvas. Y las que no tienen tantas curvas pero son muy femeninas. Y las que no tienen ninguna de estas dos características, pero se preocupaban de hacernos felices. No conozco a ningún hombre de verdad al que le guste verse al lado de una muñeca siliconada, no siendo para pasear y despertar envidia a algún adolescente o colega tan inmaduro como él mismo. Pero vivir a su lado... eso jamás...

Llega un momento de todo macho de la especie en el que dejas de masturbarte pensando en tías despampanantes, o viendo vídeos de la red en la que aparecen porno stars rellenas como un pavo. En ése momento descubres que lo importante para excitarse es ver la belleza interior, la forma que una mujer de verdad tiene de vivir su orgasmo. Es cuando te gusta más ver a una hembra de verdad en las películas llamadas amateurs. Es cuando una sonrisa te encandila más que un par de tetas abultadas. Y es cuando te das cuenta que es el momento de vivir al lado de una persona que te proporciona tranquilidad, cariño y estabilidad. Y entonces te da igual si le sobran los kilos o le faltan pechos. Da igual si tiene unas estrías en tal o cual sitio. Lo importante es que has aprendido a amar y para nosotros vuestro culo es el culo más bonito del mundo. Sin comparación.




miércoles, 29 de agosto de 2007

Violencia y lenguaje



Tenemos, por desgracia, un idioma que no ayuda en los asuntos del amor. El nuestro es un idioma hecho para la guerra, derivado del latín vulgar que usaban los soldados eméritos que llegaban a nuestras tierras en busca de su recompensa por años de servicio en las Legiones. Un pequeño trozo de tierra en un país fértil y tranquilo. De ahí que sea el nuestro un vocabulario rico en insultos, descalificaciones y vituperios varios. Es agresivo en su sonido y más en su ejercicio, rico en sonidos fricativos, oclusivos y palatales, que parecen más gruñidos salvajes que elementos de comunicación.

Con estos mimbres no es extraño que hagamos los cestos que hacemos... si ya nuestro lenguaje es violento y agresivo, resulta difícil darle el sentido necesario para trocar aquellos rezongos en el reflejo de unos sentimientos que pretenden emocionar a nuestras parejas. Muy difícil, de verdad. A mí, al menos, me resulta complicado expresar emociones y sentimientos con las simples palabras, así que suelo recurrir al gesto, al sonido de una caricia o al sabor de un beso para ayudarme.

Pero imaginad que a la vez que tratamos de expresar nuestro amor por otra persona, tuviéramos la imperiosa necesidad de hacerle llegar también nuestra frustración, nuestros miedos, nuestras carencias y nuestra inseguridad. Es entonces cuando el origen castrense de nuestro idioma nos juega malas pasadas... y si encima nosotros mismos no andamos muy sobrados de personalidad, de seguridad en uno mismo o de seguridad en el amor que nos profesa la otra persona, es cuando nuestro animal interior se desborda y tendemos a pasar de la palabra a los hechos.

Pero no me gusta ser paternalista en este tema. La bofetada que inicia el camino de la violencia no tiene su origen sólo en nuestros fracasos o en la inoportunidad de nuestra lengua. Imagino que este tema, que da de comer a tantos expertos en psicología, sociología y antropología de nuestro país no puede tener un origen y un trasfondo tan simple como este. Ha de haber algo más en nuestra cultura que impulsa a creer a tanto necio que es superior a su pareja... o todo lo contrario... que es lo que me parece a mí, al menos. La mal llamada violencia de género ha de tener su germen en actitudes y costumbres mucho más complejas que lo que yo puedo imaginar. Porque lo cierto es que no imagino cómo se puede llegar a ésas situaciones. Ya he comentado en más de una ocasión que no entiendo el abuso en ninguna de sus maneras. No me cabe en la cabeza idea alguna que me impulse a hacer daño a las personas que aprecio. Así que no puedo entender su origen ni lo que pasa por la cabeza al animal que levanta la mano a su compañera o a sus hijos.

Pero sí puedo animaros a reflexionar sobre la violencia que ejercemos con nuestro lenguaje. Yo intento por todos los medios a mi alcance desterrar de mi cabeza expresiones como: “MI mujer”, “MI hija”, “MI amiga”... Porque aunque el lenguaje no ayude, sé positivamente que esos pronombres, de la clase “posesivos” (que fea palabra cuando se trata de nombrar a seres humanos) no hacen sino alimentar nuestro egoísmo y hacernos creer que, efectivamente, tenemos más derechos sobre otro ser humano que el de compartir con él nuestra vida o nuestra compañía.

Hace poco, una amiga reflexionaba sobre el abandono en el que se sentía cuando vio como un amigo (imagino que muy especial) separaba su vida de la de ella. Gema, que es muy, pero que muy inteligente, colegía que no hay violencia mayor que obligar a otra persona a hacer lo que en realidad no desea. Ánimo para ella, que con su inteligencia ha sabido encontrar el camino del verdadero amor, sin violencias y con ambos miembros en libertad. Con esa actitud y esa clarividencia es como realmente se llega a ser feliz.



miércoles, 25 de julio de 2007

El novio que todas esperan

Ayer, entre las muchas visitas que hago en la blogosfera, di con la página de una chica que aplicaba su fino sentido del humor al problema de encontrar pareja, DémoNan, que así se llama, arrancó una sonrisa a mi aburrimiento. Y hoy he decidido compensarla por el regalo, devolviéndola una foto del novio perfecto. Así deberíamos los hombres entrar en casa:



La música está a cargo del grandísimo Tom Jones. No es la canción original, pero a mí me gusta más con su voz:

martes, 17 de julio de 2007

Felicidades Belén

Si soy capaz de dedicar un post a aquellas personas que admiro; a algunos famosos que me parecen estar un poco olvidados por no ser de rabiosa actualidad, cómo no voy a ser capaz de hacer lo mismo por una mujer que, sin conocerla, admiro igualmente por su inteligencia, su belleza y su forma de escribir. Supongo que habrás recibido hoy muchos regalos, pues somos muchos quieres cada día te leemos y admiramos. Esta es mi modestísima aportación. Un clásico de John Denver en la voz de Plácido Domingo:


You fill up my senses
Like a night in a forest
Like a mountain in springtime
Like a walk in the rain
Like a storm in the desert
Like a sleepy blue ocean
You fill up my senses
Come fill me again
Come let me love you
Let me give my life to you
Let me drown in your laughter
Let me die in your arms
Let lay down beside you
Let me always be with you
Come let me love you
Come love me again

Let me always be with you
Come let me love you
Come love me again

Tú llenas mis sentidos
como una noche en el bosque,
como las montañas en la primavera,
como un paseo en la lluvia,
como una tormenta en el desierto,
como un océano azul adormecido,
así llenas mis sentidos,
ven, lléname otra vez.
Ven y déjame amarte,
déjame darte mi vida,
deja que me ahogue en tu risa,
deja que muera en tus brazos,
deja que me tumbe junto a ti,
que siempre esté contigo,
ven y déjame amarte,
ven, ámame otra vez

Esta otra es por su letra, y por la admiración que siento por una de las grandes voces de la música hispana: me refiero a Pedro Vargas, por supuesto...




Y un recuerdo de la infancia, por si no te la han cantado hoy:



Y la última, que dados tus gustos musicales, seguro que te hace más ilusión. Besos, como dice la canción de
Freddie Mercury ... hasta el final...




jueves, 15 de febrero de 2007

manual de masturbación femenina

Si partimos de la base cierta, indiscutible, de que no hay dos mujeres iguales, tendremos una primera aproximación a lo difícil que resultaría generalizar a la hora de orientar a alguien novato sobre lo que le puede gustar a nuestra pareja. No obstante, sí se pueden señalar algunas “normas comunes”, generalizaciones y errores que tod@s deberíamos descartar si queremos averiguar cómo dar placer a la mujer que comparte la cama con nosotros.

La primera consideración es conocer, aunque sea aproximadamente, la anatomía femenina; y tener claro que el órgano más importante en este proceso no se halla a la vista, a pesar de que se trata del órgano sexual por excelencia: el cerebro. Es decir, si sólo nos preocupamos del aspecto “técnico” de la masturbación, lamentablemente, fracasaremos. Para las mujeres es muy importante el clima en que se desenvuelven las relaciones sexuales. Sin un clima adecuado, sin que se sientan apreciadas, apoyadas, deseadas y/o queridas nuestras manipulaciones no obtendrán la recompensa que esperamos. Esto no debería considerarse como algo voluntario, no se trata de crear el clima adecuado para “ponerlas a mil”. Si no somos capaces de transmitir nuestro cariño, nuestro deseo o nuestro aprecio por la mujer que tenemos junto a nosotr@s, no merecemos estar en ésa situación. Yo, personalmente, digo a mi mujer cuánto la quiero siempre que tengo oportunidad, no sólo en los momentos en que nuestra intimidad nos empuja al sexo, sino cada vez que la miro con detenimiento un ratito. Haced lo mismo y no os arrepentiréis. Contadlas lo hermosas que las veis o cuanto las queréis, antes incluso de pensar en comenzar a acariciarlas; los resultados merecen la pena...

Hay que derribar algunos mitos en cuanto al tema de la masturbación femenina. Para empezar hay que tener en cuenta que no es lo mismo masturbarse uno mismo, que con la ayuda de otra persona. Si bien la masturbación en pareja es muchísimo más excitante, lo cierto es que los resultados son siempre mejores cuando lo realizan ellas solas. Mejores en cuanto a la calidad del orgasmo y en cuanto al tiempo invertido en alcanzarlo. Una mujer, al igual que un hombre, masturbándose en solitario puede alcanzar un orgasmo en poco menos de cinco minutos. ¿Por qué cuando lo hacemos en pareja no ocurre lo mismo? La respuesta es obvia. A nosotros mismos no tenemos que transmitirnos sensaciones, simplemente las seguimos. No tenemos que decirnos si queremos aumentar el ritmo o la fuerza de la caricia, simplemente lo hacemos y punto. Llegar al conocimiento del cuerpo de la pareja necesario para lograr esto es muy sencillo. Sólo hace falta un poco de observación y un bastante de comunicación. Pero no cometáis el error de preguntar en medio de las manipulaciones, no, esperad a que ella haya terminado para comentar cualquier duda que os surja; entretanto, observad detalladamente cada una de las reacciones a vuestras caricias y aprenderéis exponencialmente.

Existe la idea de que para lograr que una mujer tenga un orgasmo hay que empezar siempre despacio. Es falso. Cada momento y cada situación exigen una actitud distinta y no siempre una mujer desea ser acariciada en el pecho para comenzar a sentir placer. Puede ser mucho más excitante el “aquí te pillo, aquí te mato” que unos prolegómenos largos y tediosos. Los hombres no nos damos cuenta en muchos momentos que perdemos el tiempo miserablemente mordiendo una oreja a nuestra pareja cuando ella lo que desea en ese momento es que nuestras manos se pierdan dentro de la ropa interior. Hay un momento y un ritmo para cada caricia y averiguarlo debe ser nuestro objetivo primordial. Y en realidad, es muy fácil, tan sólo hay que fijarse en las pulsaciones de nuestra pareja. Si pudiéramos hacer una gráfica, nuestro ideal sería ver aumentar esas pulsaciones linealmente, no dejar que se estabilicen en ningún momento.

Con esto no quiero hacer ver que existan atajos para dar placer a nuestras mujeres. No existen. Simplemente hay que darse cuenta que a veces el camino para el orgasmo es una trocha de montaña, llena de curvas y recovecos, y en otras es una autopista de diez carriles. Tan malo es intentar ir derecho por la primera como trazar curvas innecesarias en la segunda. Si os convertís en observadores atentos nos os resultará difícil distinguir una de la otra.

Ya he comentado uno de los errores más comunes que cometemos los hombres. Equivocarse de velocidad probablemente sea el más extendido. Y el desconocimiento de la anatomía femenina, el siguiente en el ranking.

Es fundamental conocer las zonas erógenas de nuestra pareja. Pero quién pretenda aprenderlas en un libro o buscando por internet, pierde el tiempo miserablemente. Si bien hay algunas comunes a todas las mujeres, en realidad sólo podemos aprenderlas con aquella persona a la que acariciamos. Por ejemplo: el cuello es una zona erógena que teóricamente es común para todas las mujeres. Sin embargo, a mi mujer no se la puede tocar prácticamente en ningún momento del proceso; para ella es tan sensible que cualquier roce provoca su rechazo y la caída total de la excitación. Si no sois capaces de hacer que vuestra mujer os cuente esos pequeños truquitos, al final tendréis que aprenderlo equivocándoos, y creedme, no resulta nada grato.

No obstante, y aunque seguro que me olvido de alguna de ellas, un manual no estaría completo sin enumerarlas.

Comencemos por la cabeza:

· La zona erógena por excelencia en esta parte del cuerpo es, seguramente, la nuca. Las caricias, mordiscos y besos en la parte donde el cuero cabelludo se une a la piel del cuello provocan que se ericen absolutamente todos los vellos del cuerpo. Da buen resultado también soplar suavemente entre los cabellos; la sensación, aunque más sutil, puede ser devastadora.

· El cuello comparte con la nuca la capacidad de alborotar todo nuestro organismo. No os voy a sugerir ninguna forma específica de acariciarlo, pero sí os recomiendo que si vuestra mujer no está al límite del paroxismo, paséis del típico “chupetón” o lo pagaréis caro...

· Las orejas, en especial el lóbulo, provocan una sensación muy parecida a la caricia en el cuello, pero algo más suave. Morderlo suavemente, o chuparlo son las formas más comunes de acariciarlo. Es recomendable para hacer saber a la mujer que “vais en serio”.

· Las mejillas, las cejas, los ojos y las comisuras de los labios son también zonas muy erógenas, aunque hay que saber explorarlas. Acariciar la mejilla a destiempo, por ejemplo, puede irritar a vuestra pareja y provocar frustración.

· Los hombros, en especial por la parte trasera, justo en la parte exterior de los omóplatos, es una zona muy sensible a las caricias con la punta de los dedos.

· Las clavículas, si son mordidas con suavidad, y sin usar los dientes con saña, hacen, por proximidad que los pezones se ericen fácilmente.

· Los pechos merecen mención aparte, ya que son unas de las zonas erógenas más importantes dentro del cuerpo de una mujer. Muchos hombres nos limitamos a amasarlos o a centrar nuestra atención en los pezones... mal hecho... el pecho no se limita a los pezones, por mucho que nos llamen la atención. Cuando se acaricia un pecho hay que tenerle en cuenta en su totalidad. Tan sensible es el pezón como la parte superior del pecho o el lateral y el costado, debajo del brazo.

Muchos hombres tienden a apretar en demasía el pecho de las mujeres, y eso, en según que momento del ciclo menstrual, puede resultar terriblemente doloroso. Una buena manera de evitarlo es pensar que su sensibilidad es semejante a nuestros testículos. Imaginad cuánto os gustaría un apretón fuerte en el escroto y recordadlo la próxima vez que acariciéis a vuestra mujer en el pecho. Para estimular un pecho, amasadlo como si fuera una bolsa llena de monedas de oro, pero con delicadeza. Si vuestra pareja desea que apretéis más, ya se acercará y presionará ella contra vuestra mano; es mejor pecar de blando que hacer daño, no lo olvidéis. Pensad en el pecho como una totalidad, no como partes separadas (piel, pezón, relleno), pensad que desde el músculo pectoral hasta el pliegue inferior tiene todo él prácticamente la misma sensibilidad, así que no olvidéis acariciar cada una de sus partes. Creo que no es necesario explicar cómo se acaricia el pezón, pero sí es importante recordar a los aficionados a los mordiscos que no se trata de arrancarlo de cuajo... los dientes en su justa medida y cuando la mujer ya está muy excitada son agradables, pero sin pasarse. Un buen truco para no pasarse es interponer los labios propios entre los dientes y el pezón, así si os pasáis de presión lo notaréis vosotr@s antes que ella. Insisto en que lo mejor para saber cómo acariciar a tu pareja es la comunicación. Preguntadles a ellas cómo las gusta ser acariciadas, pero por favor, hacedlo en el momento adecuado, no en medio del jaleo...

· La espalda es la gran desconocida del cuerpo de las mujeres (y hombres), apenas se explota y casi nunca se explora. Os animo a hacerlo. No se trata de trazaros un mapa de las zonas más agradables, entre otras razones porque varían de persona en persona, pero con muy poquita práctica descubriréis auténticos tesoros sensoriales.

· Puedo haceros una recomendación especial en cuanto al vientre de vuestra mujer se refiere: el paso por esa zona, incluyendo las caderas y la cintura, es un excelente prolegómeno para caricias más profundas e íntimas, así que no olvidéis hacer una visita a esta zona de camino al pubis.

· Y llegamos a la zona “caliente”. No porque sea la más importante (que puede o no serlo), sino por que es en ella en la que el desconocimiento masculino se hace mucho más patente, incluso para aquellos que nos creemos mejor informados. Vuelvo a recomendar un poquito de estudio anatómico para todos los hombres. No es broma, en mi trabajo me he encontrado hombres que aún creían que el clítoris de su mujer estaba junto al culo (imaginad que tralla le habrá dado a la hemorroide de su pareja), o algún otro que tenía asco a practicar cunnilingus porque aún creen que la orina sale por la vagina...

Una vez ubicados en la zona, cuando nuestro conocimiento tanto visual como táctil sea “¿avanzado?” nos será mucho más fácil proporcionar placer a nuestra pareja.

Pasando por alto otras formas de acariciar el coño de una mujer, como por ejemplo con la boca u otras partes del cuerpo, lo más usual a la hora de masturbar a nuestra “victima” es utilizar las manos y los dedos.

Como no soy una mujer, no puedo describiros fácilmente sensaciones, ni guiaros paso a paso como lo haría vuestra compañera, por lo que vuelvo a recomendar la comunicación (y no me hartaré de decirlo), como mejor método para dar placer a vuestra pareja. Y como dije al principio, cada mujer es un mundo, así que no voy a entrar en las distintas maneras de acariciar para conseguir el orgasmo, entre otras razones, por que resultaría imposible ante la infinidad de opciones a tomar; me explico: Hay mujeres que para obtener un orgasmo tan sólo estimulan su clítoris con un dedo, tilitando sobre él hasta lograrlo. Otras usan el método de presionar con la parte interna de los nudillos de los dedos (la base de los dedos o la palma de la mano) en el clítoris a la vez que se introducen uno o varios dedos en la vagina. Algunas logran el orgasmo sólo introduciendo dedos u objetos en la vagina o en el ano. En fin, que sería imposible describirlos todos, así que ni siquiera voy a intentarlo. Me limitaré a daros algún consejo sobre la metodología a seguir, a describir uno sólo de los muchos métodos que existen, y a guiaros para que os sirva de base y aprendizaje a los que son muy novatos o están muy perdidos. El resto del camino tendréis que recorrerlo sol@s.

A pesar de lo que dije al principio, de que no hay normas fijas, sí es recomendable llegar al coño de una mujer cuando la temperatura de la zona ya es alta y la humedad se hace palpable; así será mucho más fácil para nosotr@s y, desde luego, mucho más agradable para ellas. En esta primera fase de aproximación lo más importante no es el contacto, sino el movimiento; es decir, que puede ser mucho más agradable y excitante la sensación que provoca la separación de la braguita del coño, que el contacto directo de los dedos con la piel de los labios mayores. Por eso, cuando os acerquéis al pubis de la mujer, es conveniente jugar con los elásticos de las braguitas, a la vez que masajeáis suavemente la piel de la zona, por ejemplo, en el sentido de las agujas del reloj. Si vuestra compañera tiene vello en la zona, jugar con los pelillos es muy interesante; y puede dar mucho juego, ya que dando tironcillos (suaves, eh!) al vello podemos ir bajando desde el pubis a los labios mayores para trasmitir el movimiento al que me estoy refiriendo. En caso de que vuestra mujer tenga la zona depilada, miel sobre hojuelas, ya que sus sensaciones serán mucho más nítidas e intensas: moved la piel del pubis con un suave masaje hasta lograr que el movimiento de vuestra mano baste para separar los labios mayores y a ella se la vayan abriendo poco a poco las piernas a causa del deseo. Como he dicho antes, separad la ropa interior de la piel, sin tocar para nada los labios del coño; así, además de conseguir una mayor accesibilidad a la zona, podréis ir comprobando si la temperatura y la humedad son las adecuadas...

La siguiente fase es la del contacto. Este es el momento para recorrer con suavidad los contornos de los labios mayores e insinuar con vuestros dedos unos leves roces en los labios menores. Pero ojito... el clítoris no debe ser tocado sin la lubricación adecuada, así que hasta llegar a él, podemos hacer el recorrido por toda la parte exterior del sexo, volviéndonos cada vez más osados hasta lograr abrir la vagina y lubricar nuestros dedos con los jugos que de allí manan; o podemos mojar con nuestra saliva algún dedo travieso que insinúe de vez en cuando un roce en el capuchón que lo cubre.

A estas alturas, lo más probable es que nuestra compañera esté suspirando por contactos más intensos, y que la morfología de la zona haya cambiado por completo: el clítoris seguramente ya asoma por debajo del capuchón y los labios menores se han abierto para dejar al descubierto el agujero de la vagina. Eso es que lo estamos haciendo maravillosamente bien. Si no es así, yo utilizo un truco muy sencillo: con un dedo muy lubricado, separo la parte superior de los labios mayores y fricciono con suavidad, pero con insistencia por encima del capuchón del clítoris, pero sin llegar a tocarlo. La zona es tan sensible como el propio clítoris, pero se presta a manipulaciones más intensas y no se irrita tan fácilmente como el clítoris y su capuchón.

Una recomendación más: cuando os lancéis a manipular la zona (digo la zona porque es interesante no limitarse solamente al clítoris y prestar atención también a los labios menores), no olvidéis mantenerla SIEMPRE lubricada; así que aprovechad cada viaje a la entrada de la vagina para hacer acopio de lubricante y repartidlo por todo el recorrido de vuestros dedos.

Y se acabaron las recomendaciones... a partir de ahí es todo práctica y comunicación mutua. Probad siempre que podáis cosas nuevas y nunca os aburriréis ni dejaréis que vuestra pareja se aburra.

Otra cosa. Hay otras muchas zonas erógenas en el cuerpo de una mujer, como el culo, las nalgas, las corvas de las rodillas, el empeine, los dedos de los pies, la parte posterior y la cara interior de los muslos, los tobillos, etc... pero en este manual no se trata de describirlos todos y cada uno de ellos; es mejor dejar algo a la imaginación y exploración de cada uno de l@s amantes (además, algún truquillo tendré que guardarme para mí ¿no?). Tampoco me gustaría que nadie pretendiera con la simple lectura de este escrito y muy poca práctica, convertirse en la reencarnación de Giacomo Casanova. No pretendo trazar un guión o un mapa a seguir al pie de la letra y en el mismo orden en que lo describo, esto no es una guía de qué hacer y en qué momento hacerlo, simplemente trato de motivar a los novatos a aprender, crear el gusanillo en los que “ya saben” para que sigan aprendiendo, y motivar a los expertos y a todas las mujeres a que exploren nuevos caminos y se lo comuniquen a sus parejas. Así lo pasaremos todos mejor.

Saludos:

Mormo