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miércoles, 27 de febrero de 2008

UN PARÉNTESIS

Perdonad mi ausencia. Me veo obligado a hacer un pequeño paréntesis en el desarrollo de este blog por culpa de un problema de salud familiar. Al parecer, la mala suerte sigue cebándose en mi familia, así que por un tiempo indeterminado apenas podré dedicar tiempo y atención tanto a vuestros blog, como a escribir en este.
Prometo volver en cuanto me sea posible, con nuevas historias que contar. Un saludo a todo el mundo y gracias.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Las desgracias nunca vienen solas

La mayoría de aquellos de vosotros que ronden la treintena de años, es decir, aquellos cuyas madres entran a formar parte de mi generación, aunque me saquen unos cuantos años, seguramente sabrán a que me refiero cuando hablo de canturrear por la casa. En la mía es casi una tradición. Lo hacía mi abuela materna y, por lo que yo sé, mi madre lo sigue haciendo cuando trastea en la cocina o hace las camas a diario. Yo mismo, desde que me ocupo de las labores domésticas, me he dado cuenta que tarareo las mismas canciones que durante años he oído cantar a mi madre y a mi abuela. Incluso mi hija, que es un bebé, por imitación, cuando juega con los muñecos o con los "miuuus" y les ordena "amimir" o "apapar" (traducción simultánea: "gatos" "a dormir" "a tapar") se le nota la querencia a las tablas, como a los buenos toros bravos y suelta unos breves pero claros "nananá" que repuntan ya la continuidad de ésa tradición.

Y como digo, siempre son las mismas canciones. El otro día, mientras íbamos en coche al cumpleaños de una amiga, mi esposa comenzó a tararear una de esas canciones: "Tatuaje". Y se sorprendió cuando la corregí uno de los versos y me arranqué a cantar toda la letra de memoria. Ni siquiera yo mismo me dí cuenta que la sabía entera, de "pe a pa", hasta que ella me lo hizo notar. Supongo que la aprendí a fuerza de escuchársela a las mujeres de mi familia mientras se inclinaban a estirar las sábanas de mi cama; mientras yo, ignorante de la influencia que estaba recibiendo, me vestía en la misma habitación o buscaba como un desesperado mis zapatos, que siempre han tenido tendencias fugitivas.

Como hace mucho que no pongo música en este blog, y es una buena práctica que no debería haber perdido, hoy he decidido matar dos o tres pájaros de un tiro: Primero demostrarle a mi mujer que si estas canciones han pasado a la memoria colectiva es por culpa de voces excepcionales. Segundo reivindicar un género, la copla, que por culpa de las modernas cantantes, ocupadas más en ganar dinero apareciendo en los programas y revistas del corazón que de cantar (disimulando así sus más que evidentes carencias artísticas), ha sido continuamente denostado por aquellos que no conocen más que las imitaciones que se han hecho de los grandes de este género en los últimos 25 años.

Y tercero: como homenaje a mi madre, que lleva ya dos semanas ingresada en el hospital y que anteayer fue intervenida quirúrgicamente de una colecisteptomía (extirpación de la vesícula biliar), y la pobre lleva sin comer los catorce días de internamiento. A ella y a mi padre (que sale de guatemala para caer en guatepeor); que después de haber perdido a su propia madre el día nueve de este mes, ha visto como su esposa, sin apenas solución de continuidad era ingresada de urgencia en el hospital. El pobre hombre anda como loco buscando al puto tuerto para sacarle el ojo que le queda de una hostia... Y yo que el pobre tuerto me escondería, que las tortas de mi padre hicieron pupa al propio Carrasco cuando boxeaba... El que avisa no es traidor.

Para esta hazaña cinegética (la de matar tres pájaros de un tiro, se entiende) no tengo más remedio que acudir a la más alta cumbre de la copla: Doña Concepción Piquer López; no vaya a ser que me quede corto y luego alguien me diga: "pues no es para tanto". Así que es mejor pasarse un poco de largo y mostrar lo que el talento innato y el oficio de muchos, muchos años pueden hacer con una voz. Dicen que la propia Concha contaba que, con apenas ocho años se presentó en un teatro de Valencia preguntando por el encargado y le dijo: "Vengo a cantar". Por supuesto, el pobre hombre no entendió a aquella chiquilla, y la devolvió a su casa (aunque por poco tiempo, ya que debutó en otro teatro de Valencia apenas tres años después). Lo que aquél empresario no entendió fue la declaración de principios que realizó aquel retaco: no es que fuese su intención cantar en aquél teatro ése día. Es que ella vino a este mundo a cantar. A dejar un legado que nadie ha sido capaz de eclipsar desde entonces, por muchas imitaciones que ha tenido que soportar desde aquel año de 1917.

Quiero que os hagáis una imagen mental de la situación: Concha era hija de un albañil y de una costurera, no tenía formación artística de ninguna clase y, a pesar de ser la quinta hija del matrimonio, en realidad era su primogénita, ya que sus cuatro hermanos mayores habían muerto antes de alcanzar la juventud. Tan clara tenía su vocación, que no permitió que las primeras negativas recibidas, ni la oposición de sus padres, se interpusieran en su camino a la fama. Seguramente habréis oído esta historia muchas veces. Normal: desde su aparición en el mundo del espectáculo muchas han sido las imitadoras que han intentado copiar su estilo, e incluso su biografía para destacar. El problema es que en este caso la historia es la auténtica, no una copia, sino el original... Fuerte ¿eh?.

Para quienes deseen conocer su biografía, está el enlace de su nombre. Lo que no muchos conocen es que, en una época en que no existían las promociones discográficas tal y como hoy las conocemos; en que no todos los teatros disponían de micrófonos operativos; esta mujer fundó una compañía de teatro y recorrió el mundo para que todos pudieran escuchar sus canciones. Y logró, si no una cifra record en venta de discos (que sí lo hizo, incluso años después de su muerte: en Diciembre del 2006 aún ocupaba el número 48 de la lista de ventas en España con su disco 100 años), sí convertirse en la artista más popular de su tiempo con diferencia. Y además abrió la puerta del espectáculo a otros grandes de la canción como Manolo Caracol o Juanito Valderrama.

Bien es cierto que su afiliación política al régimen de Franco pudo ayudar a promocionar sus canciones, pero lo que no se puede negar en modo alguno es que su éxito se lo ganó totalmente a pulso, por oficio, por poderío vocal y por esfuerzo personal, que la llevó a recorrer prácticamente TODOS los teatros españoles de la época y no pocos de los de los países hispanohablantes. Quién no haya oído hablar del baúl de la Piquer como paradigma del viajero es que no ha salido de la puerta de su casa.

Su profesionalidad quedó aún más patente en el año 1957 cuando, tras una gala, se da cuenta que su voz no era la que el público merecía (os juro que yo he oído alguna grabación de aquella época y no he sido capaz de encontrar ni un sólo defecto a su voz), y emite un comunicado anunciando su retirada irrevocable de los escenarios. Ole sus cojones... en lo más alto, como Dios manda...

Seguro que las canciones que os pongo aquí las habéis escuchado muchas veces en distintas versiones. Os invito a destriparlas, con sus fallos de sonido y con sus carencias sonoras, para disfrutar de sus letras (casi todas del Trío de Oro: Quintero, León y Quiroga), de sus magistrales interpretaciones y del sentimiento que desprenden. Todo eso han convertido en leyenda a esta señora. Disfrutad. Y preparaos... a quien no se le ponga la piel de gallina que me lo diga.

Primer vídeo: No hagáis caso del careto del muchacho que hace playblack. Cerrad los ojos y escuchad:



Segundo vídeo: Una canción especial. Os pongo también la versión que hizo Joaquín Sabina, para comparar las voces (la de Olga Román que es probablemente una de las mejores del panorama actual)






Última actualización a las 21:44 h: A pesar de que he estado buscando y rebuscando por la red las canciones Ojos Verdes y Tatuaje interpretados por doña Concha, no he sido capaz de encontrarlas de ninguna de las maneras. Y aunque me he encontrado muy buenas interpretaciones de las dos, en diferentes voces (algunas de ellas tan buenas o mejores como el caso de Miguel de Molina) incluso de su época, voy a poner otra canción muy distinta en una voz harto parecida a la de doña Concha y a la que imagino que algún día puede alcanzar: la de Pasión Vega en una canción homenaje a Camarón de la Isla, compuesta por Joaquín Sabina. Así que desde Valencia a Málaga, pasando por Madrid-Jaén y Cádiz... Si es que en este país hay de todo en todas partes. Como en botica.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

cerrado por abogados

No sé porqué extraña razón, los seres humanos tenemos un defecto congénito referente a la forma de ayudar a nuestros semejantes. Y es que siempre hay alguien que sabe mejor que tú lo que debes hacer frente a determinadas situaciones, pese a no haberse hallado nunca en esa situación en concreto. Es más, algunos ni siquiera han vivido situaciones parecidas, pero se permiten el lujo de juzgarte y darte consejos.

No se hace con mala intención, en absoluto. Se trata de una forma de empatía sublimada que nos hace ponernos en el lugar del sujeto y visualizarnos en su misma situación, permitiéndonos averiguar qué haríamos nosotros ante el evento en cuestión. El problema viene cuando no se tiene suficiente personalidad para filtrar esos consejos y tomar las decisiones correspondientes.

Yo soy un tipo bastante discreto y procuro escuchar siempre a todo el mundo. La experiencia me ha enseñado que escuchar siempre es bueno, pues puede proporcionarte un punto de vista nuevo del problema que te ayude a solventar la situación. Pero claro, no siempre estoy dispuesto a seguir los consejos que se me ofrecen. Y por mi mala cabeza, por no seguir esos consejos, he tenido que pagar en muchas ocasiones precios que no deseaba afrontar.

Uno de estos casos ha sido la construcción de mi casa. Las últimas semanas ando desaparecido, en parte por causa de este problema, y en parte porque estoy tratando de volver a mi rutina vital; es decir, vuelta al trabajo, vuelta a la falta de tiempo libre, vuelta al cansancio después de ocho horas de fábrica, etc.

Así que no os asustéis, prometo volver en cuanto tenga tiempo libre para hacerlo, y de paso, explicar algunas cosas sobre mi ausencia. Pero que conste que siempre saco algún ratito para leeros ¿eh?.

miércoles, 3 de octubre de 2007

El Juezticiero sin máscara

Hoy me ha llegado al correo un vídeo que me ha dejado impresionado. No por su "verbo demoledor", como anuncian los distintos enlaces que he encontrado en la red sobre la conferencia en cuestión; sino por las verdades como puños que suelta éste señor por la boca y que se parecen tanto a lo que opino sobre la educación de los hijos... joer, si parece que se lo he dictado yo... (sí, ya sé que esto suena muy soberbio y pretencioso, pero es lo que me ha dicho mi mujer cuando lo ha visto). Y es que yo suelo hablar así... como dictando sentencia.

Hablo de una conferencia que dio el pasado mes de Septiembre ante una junta educativa en Madrid el Juez Decano del Tribunal de Menores de Granada Don Emilio Calatayud Pérez (Lástima que se haya derogado lo de excelentísimo señor, que este hombre de verdad se lo merece). Don Emilio Calatayud es uno de esos jueces estrella que últimamente están haciéndose famosos por sus apariciones en televisión. Aunque para ser justos en este caso, deberíamos decir que este señor ya era muy famoso bastante antes de aparecer en la caja tonta, antes de que le hicieran un programa para él solito en Linea 900, y mucho antes de que los jueces comenzaran a hacerse famosos. Porque, como si de una reencarnación del famoso Salomón se tratara; este juez, temido por muchos y admirado por todos, ya era una celebridad por sus sentencias hace más de diez años. No es cuestión de poner ejemplos aquí, que si os dais una vuelta por San Google veréis más de 252.000 entradas referentes a este caballero, pero algunas de sus condenas han traído cola: Ayudar a la policía por robar un coche, hacer de payaso en un hospital por agresión, condenas a estudiar y sacarse un título, etc, son algunas de las decisiones polémicas, pero casi siempre acertadas que ha dictado este señor en su juzgado. Y es que, al parecer, es de los pocos jueces en España, que aparte de aplicar la ley, aplica también el sentido común en sus decisiones.

Pero no os hago esperar más, que los vídeos que he subido son bastante largos y se explican por sí solos. Pasen y vean: admiren a éste prócer de la Justicia con mayúsculas que además es coautor del Diccionario básico jurídico. No tiene desperdicio, aunque sea largo:





Si queréis verlo todo junto, os dejo un enlace en que están los dos vídeos unidos.




domingo, 30 de septiembre de 2007

Escribir despacio

Hoy pensaba escribir sobre el egoísmo, sobre cuando se origina, sobre sus consecuencias y alguna cosa más... El observar a mi hija de 19 meses, que acaba de tener consciencia de la propiedad, y sin embargo, no conoce el egoísmo me producía un placer difícil de describir, tras dos largas semanas sin poder verla y sin disfrutar de sus proezas infantiles. Hasta tenía preparado un vídeo de una canción de Serrat que me venía al pelo para la ocasión.

Pero la desventaja de escribir despacio es que, a veces, los sucesos te desbordan y es necesario cambiar la orientación de un comentario para reseñar la actualidad más triste.

Y es que ayer murió una personalidad histórica muy importante para aquellos que sabemos que en el pasado está la clave para no cometer los mismos errores una y otra vez: Joan Sans Sicart.

Para quién no lo conozca, Joan Sans era un anarquista, uno de esos que se dicen libertarios, un republicano catalán e independentista. Sirvió en la guerra, como otros muchos maestros de escuela, en la 120 Brigada de la 26 División; la que se llamó Columna Durruti. Y vivía exiliado en Toulouse. Para los que hemos tenido el honor de leerle, era uno de los más grandes historiadores y novelistas de este siglo; pues gracias a él y a sus escritos hemos podido conocer de primera mano esa Historia que no cuentan los ganadores de los conflictos. La Historia de los perdedores, de los que sobreviven pese a la derrota, de los que vencen pese a las circunstancias históricas que les hacen perder las guerras.

No se puede decir que yo sea un anarquista. Ni siquiera me considero nada parecido. Ni cercano en pensamiento a ideas tan revolucionarias. Sí soy un pensador de izquierdas: pensador con minúsculas, pues la mayor parte de mis ideas políticas y sociales no son propias, sino una amalgama de pensamientos ajenos digeridos y procesados de una forma muy "sui generis" que acaban por tener multitud de contradicciones y lineas generales opuestas. Y sin embargo, la pérdida de inteligencias superiores, de personas y personajes como la que hoy lamento, me entristecen profundamente. Porque cualquier pérdida histórica es, en sí misma, la pérdida de parte de nuestra esencia; y repercute en nuestro avance hacia un futuro mejor y más claro.

Hace poco, Bito, otro bloguero hacía un comentario en su espacio sobre los sucesos acaecidos en Cataluña y la utilización política que se estaba haciendo de la quema de fotos del rey. No quisiera hacer un chiste morboso de esto, pero seguramente a Joan Sans, desde su exilio, le daría un vuelco el corazón de pensar en ello. Desde su figura pública de anarquista quizá se alegrase de estos sucesos, pero desde su figura privada, la que se vislumbra en sus novelas, lloraría por ver cómo sus nietos ideológicos comenten los mismos errores una y otra vez por no entender, por no aprender de su propia historia personal. Y eso que avisó en su última conferencia hace apenas un mes, el 30 de Agosto.

Esto me hace reflexionar lo siguiente: Da igual cuanto me esfuerce en enseñar a mi hija. Ella ha de cometer sus propios errores, sí; pero me gustaría que algunos de los que yo he cometido pudiera superarlos sin tener que sufrir sus consecuencias como yo las he sufrido. Que pasara por encima de ellos sabiendo cuales van a ser sus opciones y las circunstancias en las que se basan dichos fallos. Quizá así su camino sea un poco menos bacheado y su carrera vital un poco más rápida y agradable.

Requiescam In Pace, por fin, amigo lejano.



Dejo el vídeo que tenía preparado, aunque no tenga nada que ver con el post (es precioso).


jueves, 20 de septiembre de 2007

De obras (O qué difisir eh er mundo de la infosmática)

Perdonadme de nuevo. De verdad que lo siento, pero no puedo haceros el caso que me gustaría a todos vosotros. Estoy de obras en el ordenador. Tengo un problema de configuración que me tiene sorbido el seso (y el sexo, que dice mi mujer que no la hago ni puñetero caso) y como soy así de cabezota, no pienso darme por vencido hasta que lo solucione de una vez por todas. Yo soy así... y encima monotarea, así que hasta que no gane, bien por cabezonería, bien por pura chiripa a esta máquina tonta, mi cerebro no tiene otro objetivo en la vida. Voy a contaros el problema, a ver si algún alma caritativa con mayores conocimientos de informática que un servidor conoce la solución y me puede echar una mano:
Desde hace años vengo usando como navegador predeterminado el Mozilla Firefox. Es muchísimo mejor que el Internet Explorer en cuanto a rapidez, seguridad, etc, etc... y además no es tan vulnerable a las malditas ventanitas que se abren sin permiso cuando navegas por ahí (popups). Como bien sabéis alguno de vosotros, que me ha seguido asiduamente, hace unos meses migré a Ubuntu, una distribución de Linux que trabaja totalmente en castellano (lo que es muy recomendable para aquellos que como yo no chanelan para nada el sarraceno ése que nos han vendido los americanos). Y me va genial... es la mejor decisión que había tomado en años de moverme por este mundillo. Bueno, el caso es que hasta hace un par de semanas, me he estado conectando a la red desde mi portátil, que tiene instalados Windows XP y Ubuntu, desde la partición de la distro de Linux, y como digo, ningún problema.

Como en casa somos dos a conectarnos, me pareció buena idea recuperar un antiguo PC que guardaba en casa de mis padres. Así podría montar una red en casa y ambos podríamos atender nuestros asuntos sin tener que esperar turno para el uso del ordenador. El PC "antiguo" tiene ya más de 5 años, pero como cuando lo construí (sí, me empeñé y con ayuda de un amigo que sabe mucho de esto lo construí por piezas), compré los componentes más avanzados que iban saliendo al mercado, la verdad es que no está demasiado desactualizado. Y como con Linux a cualquier ordenador antiguo le puedes sacar mejor rendimiento que a una supermoderna máquina con el famoso Vista, pensé en instalar sólo Ubuntu en el PC y dejar el portátil a mi esposa, que suele conectarse mientras tiene delante el ruido de fondo de la televisión. Así yo puedo encerrarme en el despacho tranquilamente a pensar, estudiar y escribir (y ver porno, por supuesto).

El caso es que una serie de desafortunados incidentes impidieron que la instalación fuera por sus cauces normales. Primero no podía recuperar los datos guardados en el ordenador antiguo. Me costó Dios y ayuda salvar antiguos escritos y fotografías que guardaba en el disco duro. Cuando por fin recuperé mis novelas de juventud y los recuerdos de una época más salvaje, no conseguía instalar el sistema operativo que quería... pero tampoco Windows... así que llevé el ordenador a un experto que me confirmó la avería: el disco duro maestro estaba petado y una pastilla de memoria no funcionaba. Bien -pensé-, al menos no es que yo sea un total inútil ni que mis discos (recopilados con no poco esfuerzo) ni los que me habían prestado otras personas estuvieran defectuosos.

Al mismo tiempo, y coincidiendo con una semanita de vacaciones que se tomó mi compañera, la tarjeta de vídeo del portátil dijo basta tras el intenso trabajo al que le sometía mi mujer (aprovechó las vacaciones para recopilar y hacer un fotolibro de nuestra hija). De modo que, por unas cosas y otras, estábamos incomunicados con la red. Perfecto...

"Nada, esto lo arreglo yo en un periquete -dije para mí mismo y en voz alta para tranquilizar a mi media naranja-. Ahora mismo instalo Ubuntu en el PC y rulamos en un par de días, en cuanto lo configure adecuadamente".

Vale, me pongo... y todo sale como el culo. La instalación fue sin problemas, pero al instalar los plugins del navegador y conectarme para visitar los blogs que suelo frecuentar el firefox se ralentiza de tal manera que hace casi imposible visualizar ninguna página. "Joer... Y esto que será" -me preguntaba una y otra vez-. Intento optimizar la conexión a internet... nada... eso no es. Vale es evidente que se trata de un problema del mozilla firefox. Reinstalarlo, ésa es la solución. Ahora sí... ya va a una velocidad normal. Pero no puedo ver los vídeos de mi propio blog. Vuelvo a instalar el Adobe Flash Player. Otra vez.. será hijo puta el plugin este... que me tiene mareado y me deja la navegación como un bote sin remos... ¿Y ahora cómo lo desinstalo? Nada... a buscar en San Google... Total, que por fin a las 5 de la mañana aprendo a desinstalar el dichoso complemento. Bueno, digo aprendo porque después de buscar y buscar en Google, como no encontraba una solución, acudí a un programita que tiene Ubuntu y de casualidad me encontré el plugin allí, así que de un plumazo lo mando al garete. Pero la conexión sigue lenta, muy lenta. Mañana continúo que me caigo de sueño.

Al día siguiente mi media naranja me dice que no le gusta la interface del Ubuntu (es marrón y bastante sosa con el escritorio gnome, pero muy sencilla de manejar y muy eficaz), que si no tengo otro sistema operativo menos feo... yalaamoscagau...

Vale, tengo la solución. Voy a instalarla Guadalinex. Acabo de recibir la versión 4, basada en Ubuntu, también en español, y como dice mi amigo el linuxero, hecha "patontos". Tiene una bonita interface azul que recuerda mucho a Windows. Pero esta vez voy a asegurarme que es el puto plugin el que me está haciendo la puñeta. Queda instalada la distribución tal cual llega en el CD que envía la Junta de Andalucía (Guadalinex es el SO que está usando esa comunidad autónoma en todas sus oficinas; es muy sencillo de manejar y forma parte de un proyecto de desarrollo tecnológico apoyado por el gobierno de esa comunidad), con las actualizaciones pertinentes, claro. Entre las actualizaciones de firefox no está el plugin de Adobe porque es un software propietario y el proyecto Guadalinex fomenta el desarrollo del software libre y gratuito.

Me conecto a internet. Todo genial, aunque no puedo ver los vídeos. Primero, antes de molestarme en encontrar una solución, le dejo a mi mujer que consulte su correo.

-"Este sí me gusta, y es igualito que el windows ¿No?" -pregunta mi esposa-
-"Pues... en manejo sí, cariño, igual que Ubuntu... si son todos muy fáciles de manejar" -respondo haciéndome el sabihondo- "Aunque de funcionamiento son completamente distintos, el uso que se hace de él para consultar internet es el mismo en todos".

Tras conseguir que se le pase el miedo a manejar el nuevo sistema operativo, me pongo de nuevo a intentar averiguar el motivo de mis desdichas internáuticas. Vuelvo a instalar el plugin de Adobe. Y otra vez la misma faena... esta vez va tan lento que el propio sistema operativo me ofrece cerrar el navegador, porque se cuelga. Otra vez a bucear en Google a ver si encuentro la solución. Y nada..

Y en esto sigo... después de desahogarme un poco escribiendo, vuelvo a ver si consigo hacer funcionar el navegador como Dios manda.

Si alguien tiene alguna idea de como solucionar el problema, agradezco cualquier tipo de ayuda.

Datos técnicos para posibles gurúes informáticos:

CPU: AMD Athlon 1200 Mhz 512 MB
Placa base: Gigabyte GA-7DXR
Tarjeta vídeo: nVIDIA GeForce2 MX 100/200 de 32MB
Tarjeta red: 3Com Etherlink 10/100 PCI
Sistema operativo: Guadalinex V4 con escritorio Gnome 2.16.1 distribuido por Ubuntu.
Navegador: Mozilla firefox 2.0.0.3 (Ubuntu-edgy) Mozilla/5.0 (x11; U; Linux i686; es-ES rv:1.8.1.3) Gecko/20060601

SOCORROOOOOOOOOO!!!!

jueves, 9 de agosto de 2007

Que no lo entiendo

Que, de verdad que no lo puedo entender...

Que no me cabe en la cabeza que alguien pueda hacer daño a una niña de 18 meses, por muy enfadado que se esté.

Que tengo una hija de casi ésa edad y tengo que contener mi instinto de correr hacia ella cada vez que se da un topetazo para no mimarla demasiado y no protegerla en exceso, convirtiéndola así en alguien demasiado dependiente.

Que es a eso a lo que te empuja el instinto, no a hacer daño a tu propia prole.

Que ni siquiera las ratas, más agresivas que el ser humano, son capaces de herir a sus crías. Ellas que entienden la agresividad como una forma de relación. Que sus encuentros y reconocimientos de jerarquía dan lugar a empujones como si se tratase de un concierto heavy; y que acaban haciendo que sus colas se enreden en nudos imposibles de desatar, muriendo de pura violencia contenida, de agobio y de frustración –lo que se ha dado en llamar “rey de ratas”- son capaces de dañar a sus retoños ni siquiera por omisión.

Que otros animales con fama de muy agresivos, como por ejemplo los diablos de Tasmania, son capaces de morir de rabia, golpeándose contra cualquier cosa antes de infligir perjuicio a sus cachorros.

Que me dan ganas de coger el mango de mi hacha y liarme a hostias con tanto hijo de puta que hay suelto por el mundo (con todo mi respeto a las prostitutas y a sus hijos, que no tienen la culpa de que en mi idioma no se conciba mayor insulto).

Que, por tanto, ¡¡¡¡ME CAGO EN LA PUTA MADRE QUE LE PARIÓ A ÉSE ENGENDRO, A SU FAMILIA Y A TODA SU RAZA!!!!

Que el suicidio no es suficiente castigo por el delito cometido.

Que tendría que haber sobrevivido para sufrir mucho y muchísimo tiempo, y aún así, no habría expiado su culpa.

Que espero que no tenga más hijos por ahí sueltos, porque los genes de ése individuo no deberían transmitirse, por el bien de la humanidad.

Que, por favor, si los tiene, alguien con autoridad condene a muerte a los engendros de ése cabrón, que su ADN debe perderse, no vaya a volver a pasar en el futuro.

Que sé que me estoy pasando, pero tengo un cabreo que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

Que nunca he entendido cómo alguien puede abusar de su fuerza física con una mujer o un niño.

Que siempre he pensado que quien golpea a una mujer debería cortarse la mano con que cometió tamaña villanía.

Que me los dejen a mí, por favor. Sólo pido una habitación a oscuras y la posibilidad de que midan sus fuerzas contra mi rabia, a ver si así demuestran los hombres que son...

Que no puedo escribir más porque tengo las gafas empañadas de lágrimas de rabia y de ganas de dar un mordisco en la yugular al mundo entero.

Aunque sé que eso no arreglará la injusticia cometida... pero al menos igualaré el tanteo: LO PROMETO.

P.D. Por favor, si hay alguien que tenga posibilidad de llevar a cabo mi petición, que los vaya ordenando por tamaños: los más grandes primero. Y un orinal para los que esperen...

lunes, 6 de agosto de 2007

Cantantes y poetas

Este fin de semana me he levantado con una canción dando vueltas por mi cabeza. Me ocurre muy a menudo, se me clava en la mente una melodía y no paro de marear la perdiz con la musiquita. La tarareo en la ducha, cuando conduzco, cuando parece que no pienso en nada, cuando cocino, la silbo cuando estoy distraído... no hay manera de sacarla de mis sesos. Vamos, que me pongo de un pesado que no hay quien me aguante.
No sé a que obedece esta obsesión. No es que me preocupe, pero cuando me llaman la atención, hay veces que tengo que pensar en cómo se coló ahí adentro... porque la verdad es que no suelo escuchar la radio, ni existe forma alguna de escucharla que no sea mis propios recuerdos. Mis sinapsis guardan un archivo bastante extenso de canciones que he escuchado a lo largo de mi vida, a veces, como en este caso, en una sola ocasión. Pero se queda ahí escondida, con su música y su letra para salir a flote cuando menos me lo espero.
La canción de este fin de semana en cuestión era esta:



No es que me traiga recuerdos especiales ni añoranzas pasadas. Entre otras cosas porque es muy reciente. Pero sí me hace pensar en los distintos tipos de cantantes que hay en el panorama musical. Los hay que te embriagan con su sentimiento y su voz, y los hay que graznan pero te emocionan con lo que transmiten en su letra. Existen aquellos que triunfan como un fuego de artificio y los que llevan años encima de un escenario hasta que son conocidos por el gran público. El refrán aquél de "Unos cardan la lana y otros se llevan la fama" es, en este caso un paradigma. Quiero que volváis a escuchar la canción. Fijaos en los aplausos espontáneos que le dedican a la Mari en cuanto la escuchan la primera estrofa. Lo cierto es que se le pone a uno la piel de gallina cuando escucha su voz.
Hay también cantantes-poetas como Sabina, Serrat, Alberto Cortéz, y otros muchos que perviven en mi memoria y renacen cada día que recuerdo alguna de sus canciones. Hace poco recibí una presentación preciosa, de esas que a veces te mandan entre tantas que hablan de dioses, luces, leyendas y cuentos chinos con moraleja que acaban rápidamente en la papelera. En ella, un poema de Alberto Cortéz, de esos que te hacen pensar y te enganchan sólo por su belleza:

Alberto Cortez El ...



ALBERTO CORTEZ lyrics


Hoy, después de pasar el fin de semana viendo disfrutar a mi hija corriendo en el campo y jugando con los perros, disfrutando como sólo los niños pueden hacerlo, he decidido que también quiero ver a mi mujer arrobada en otro lugar distinto a nuestra cama, así que he comprado dos entradas para ver a Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat el próximo día 3 de Septiembre en nuestra ciudad. Ya os contaré como es el concierto.

miércoles, 18 de julio de 2007

Fantasías

Hace unos días fuimos a comer a casa de una amiga muy íntima. Tanto que suelo comparar nuestra amistad con el amor que se tiene por una hermana; aunque me llevo mejor con ella que con mi hermana, por cierto. Tenemos mucho pasado común y mucha confianza para hablar de cualquier cosa, puesto que juntos hemos compartido desamores, trabajo, sentimientos, sexo, confidencias, etc.
El caso es que, durante la comida, entre otros muchos temas, se tocó el de las fantasías. Y mi amiga hizo una declaración que realmente me sorprendió:

-"Yo es que ya he cumplido con casi todas mis fantasías... Y las que no haya cumplido pienso cumplirlas junto a A."

A. Es su actual pareja. Un chico majete y bastante más normal que los que suele elegir para compartir la parcela sentimental, muy deteriorada en los últimos tiempos, debido a las malas elecciones. Por fortuna, esta vez parece que ha acertado, a mi modo de ver.
En realidad, lo que más me sorprendió no fue la declaración de mi amiga. Entiendo que ahora mismo está muy enamorada de su chico y que, quizá, sólo quiso hacerle un halago. Pero escuchar, precisamente de sus labios, tamaña desfachatez me hizo un poquito de pupa. Ella, con la que tanto he compartido y con la que tantas veces he caminado por sendas poco transitadas, tanto juntos como por separado... La intención de limitar su futuro de esa manera me chocó, sobre todo por lo que implica de castración intelectual, no sólo sexual.

El caso es que la respondí, como suelo hacer cuando veo a las personas a las que aprecio equivocarse, quizá con demasiada efusividad, elocuencia o agresividad:

-"¿Como puedes decir eso con tanta tranquilidad M.? Las fantasías no se pueden atar con un nudo de compromiso, no se pueden sujetar por un sentimiento amoroso ni se pueden enjaular por un matrimonio o una relación".

Por desgracia, suelo expresarme también así, con esa contundencia; como sentando cátedra, cuando me enfado. Y eso, unido a mi apariencia agresiva, salvaje, lleva a aquellos que me rodean a suponerme indignado y al borde del uso de la violencia. No es en absoluto cierto, y M. que me conoce bien, lo sabe. Pero esto no impide que las discusiones se zanjen como por arte de magia. Imagino que piensan que si no obvian el motivo de mi explosión, me echaré a su chepa en forma de leopardo y los destrozaré con mis colmillos, mis brazos y mis palas de remar. (Ante la duda, echad un vistazo a la foto)

La discusión, por supuesto, no continuó. Una lástima, porque se me quedaron muchas cosas que decir en el tintero.

Amo a mi mujer (claro, si no no me hubiera casado con ella). Eso, que de por sí, se le supone al matrimonio como el valor al soldado en la cartilla del servicio militar; es, en mi caso, una declaración de principios. No dudo que en los demás no lo sea. Pero en mi caso concreto tiene un significado especial, puesto que a lo largo de mi vida sentimental he tenido ocasión de probar muchas frutas de distintos árboles, por decirlo de forma lírica.

Este sentimiento que nos une se ve blindado además por la decisión consciente y responsable de criar una hija en común, que está siendo una de las pocas alegrías que me ha dado esta vida.

(Vaya, ya me estoy poniendo melodramático... cambio de registro)

Ya he vuelto. Un paseo y un cigarrillo es lo mejor para no caer en la tentación de contaros lo azarosa que ha sido mi vida... jajjajajaja...

Decía que lo que siento por mi pareja no es óbice para tener fantasías con otras mujeres. Después de todo, las mujeres hacéis lo mismo continuamente, aunque no todas lo admitan. A mí no me pesa reconocerlo públicamente: Mi mayor fantasía sería tener una cuadra de sumisas dispuestas a explorar su sexualidad a mis órdenes. Bueno, eso entre otras muchas fantasías que mantengo, fomento, y entre algunas de las cuales me gustaría incluir a mi mujer.

Para mi fortuna, o quizá porque he sabido mantener una buena comunicación al respecto con ella, tengo la suerte de contar con el beneplácito de mi esposa que conoce como nadie mis perversiones, mis "deslices", mi tendencia a coquetear y las relaciones que entablo y/o mantengo con otras mujeres a través de la red. Es por eso que, cuando alguna de las nuevas amistades que realizo me pregunta sobre este tema, suelo decir que no me dedico a "engañar" a nadie, y mucho menos a mi mujer. Simplemente, me gusta dedicar parte de mi tiempo a fomentar mi imaginación, a desarrollar mis fantasías, a explorar todo aquello que me produzca placer. No por ello me considero infiel, ni mejor ni peor persona. Simplemente tengo claro lo que quiero y lucho por ello. Además, gracias a estas aventuras cibernéticas, mi vida sexual dentro de la pareja se ve beneficiada, y mi creatividad se enriquece, tanto en ése aspecto, como en el de la escritura, a la que dedico algunos de mis ratos libres.

Antes de que alguien ponga el grito en el cielo, he de aclarar que por este medio he hecho valiosas amistades, además de dar rienda suelta a la imaginación. Tengo amigos y amigas muy apreciados tanto por mí como por mi mujer, cuyos primeros contactos se realizaron a través de foros, chats, etc. Y con los cuales procuro mantener el contacto para seguir alimentando la amistad que nos une.

Y, por supuesto, tengo claros los límites de esas fantasías. Sé hasta dónde puedo llegar con mis relaciones electrónicas y qué es lo que no debo hacer para mantener a salvo mi familia y mi matrimonio. Claro que no todas las fronteras las he marcado yo, algunas me las han impuesto... Por tanto me queda la esperanza (o fantasía) que sean volantes y se puedan mover algún día...





lunes, 16 de julio de 2007

Post no apto para diabéticos

AVISO: Este es un post no apto para diabéticos. Un post pastel, pastel total... con tanta dulzura como emana el olor de mi hija, que aún tengo pegado a la piel. Y es que he pasado el finde en casa de unos familiares con la niña pegada a su papi todo el día y toda la noche, así que se me ha quedado impregnado su olor, su ternura, sus risas, sus mimos, sus carreras alocadas, sin visión alguna del peligro de caerse a la piscina o de estazarse contra una piedra o un bordillo; su forma de disfrutar de los abrazos de mami (mami, a ti también te quiero mucho, y no te he prestado atención en todo el fin de semana), de comer tratando de participar en las conversaciones con ése idioma propio mezcla de swahili y castellano y pelear a la vez con nosotros por llevarse ella misma la comida a la boca; de sorprenderse de todo lo que ve, poniendo la boquita de piñón y los ojos como platos...
Ayer, cuando volvíamos, me acordé de esta canción de María Grever, una grandísima compositora mejicana romántica... No he encontrado la versión que yo quería, pero os dejo esta de Verónica Villaroel, una soprano chilena excelente, a la que merece la pena oír en Il trovatore...


miércoles, 4 de abril de 2007

condenada educación

No estoy a favor del uso de la violencia. Al contrario que mucha gente, no puedo decir que reniegue de ella "por principio", sino que he llegado a esa postura desde el convencimiento práctico. En mi vida he tenido ocasión de entrar en contacto con personas y situaciones en que la violencia formaba parte de un todo, de una forma de vivir o de defenderse de las circunstancias que nos rodean. Yo he sido una de esas personas; y hasta que maduré lo suficiente para darme cuenta que vencer no es convencer, hice uso de la violencia tal y como lo aprendí en la calle. No estoy orgulloso de ello, pero sí de haber sabido superarlo y de comprender la forma en que se genera dentro de uno mismo o en las personas que nos rodean, y encontrar la mejor manera de ahogar al monstruo antes de que sea demasiado fuerte para poseernos. En mi juventud usé y abusé de la violencia tanto como me era posible, ya que para mí, suponía una forma de vida natural y espontánea, un modo lícito de imponer mi voluntad o de hacer escuchar mi opinión. Tuve muchos problemas, incluso legales, y hoy puedo presumir de haber vencido esa tendencia, de hacer de la calma y el dialogo unas formas mucho más efectivas y duraderas de resolución de conflictos.

De aquella época conservo, aparte de los conocimientos intrínsecos de vulnerar, una cierta agresividad en la forma de comunicarme que pueden sorprender o espantar a los extraños, a quienes no me conocen bien; pero que aquellas personas que viven a mi alrededor han aprendido a conocer y soportar sin sentirse amenazados. Recuerdo que, al principio de nuestra relación, a la que hoy es mi mujer, sus amigos la avisaban sobre la posibilidad de estar intimando con un maltratador en potencia. Nada más lejos de la realidad. Si estoy en contra de la violencia gratuita, en el caso de la violencia contra mujeres o niños, soy partidario de su castigo público y contundente. No hay nada más vejatorio que abusar de quienes, por naturaleza, no están capacitados para defenderse. Siempre he dicho y vuelvo a suscribir ahora que quien maltrata a una mujer o a un niño debería tener la suficiente hombría para cortarse el brazo con que dio el golpe. Sé que suena bestia y de una honorabilidad trasnochada, pero es así como pienso.

Y ahora voy a contradecirme un poco: leo con espanto una noticia en el Norte de Castilla que me ha hecho pensar hasta qué extremos hemos llegado en nuestro celo por proteger a los menores. No sé si estoy tan de acuerdo con la injerencia de la ley dentro de nuestras casas, de nuestra vida familiar, de la educación de nuestros hijos. Condenar a un padre a 3 meses y 21 días de prisión por dar un zapatillazo a su hija adolescente, me parece, no excesivo, sino esperpéntico.

Mi generación ha crecido con la amenaza de la zapatilla de nuestras madres, o como en mi caso, del palo de la escoba. En mi caso concreto, mi madre ha roto tantos palos de escoba en mi cabeza que, tras tantos años de práctica conmigo y con mis hermanos, podría dar lecciones de esgrima a los más expertos tiradores del mundo. Lo digo en serio: he visto algunos senseis de Kendo que no tendrían nada que hacer en un tatami contra mi progenitora armada con un cepillo de barrer.
Comentarios aparte, esta forma de impartir disciplina no me parece que haya sido perjudicial para nuestro desarrollo. De hecho, nos ha impelido a buscar otras formas menos agresivas de educación. A casi ninguno le gustaba ser castigado con un par de buenos zapatillazos, así que ahora tratamos de educar a nuestros hijos en el dialogo, en la tolerancia, y en la autodisciplina, procurando no castigar físicamente e imponiendo las normas de convivencia dentro de nuestras casas por medio del raciocinio y de la comunicación.

El problema es que en esta ecuación, hay dos partes. Y si una de las partes no se aviene a la convención establecida, no estamos educando, sino consintiendo en exceso a nuestros vástagos. Estoy harto de ver a compañeros de mi generación con multitud de problemas a la hora de educar a sus hijos, no sólo adolescentes, sino infantiles, que se enfrentan a los padres con un descaro inconcebible en nuestra época.

Puede que no toda la culpa sea de nuestros hijos. Por como está estructurada nuestra sociedad hoy, los dos cónyuges tienen que trabajar para poder pagar las hipotecas excesivas, los gastos que genera la vida en común, y los niños no pasan tiempo suficiente con sus padres. Encuentro lógico que el poco tiempo que pasamos con ellos no queramos dedicarlo a enfrentamientos, no queramos que se sientan agredidos por nuestra forma de ver las cosas, no queramos estar enfadados o que ellos se enfaden con nosotros, así que la disciplina tiende a relajarse, nos sentimos tentados a consentirlos más, para no tener que castigarles durante el poco tiempo libre que podemos concederles. Y cuando las situaciones se desmadran, a nuestro entender, nos encontramos con que es demasiado tarde para "enderezarlos"...

Siempre he dicho que nadie conoce mejor a un hijo que sus propios padres, si la comunicación es la adecuada. Y que para educar a mi hija, no necesitaré de la violencia ni del castigo físico, puesto que sé lo que la gusta y tengo potestad para privarla de ello si necesito disciplinarla, pero ¿Y si eso no es suficiente? ¿Y si se rebela contra lo que ella, seguramente, verá injusto, mientras yo lo considero necesario? Me temo que algunos de los excesos que cometen hoy los niños con los adultos (maltrato a los profesores, a los ancianos, falta de respeto en general, etc) tienen su origen en el momento en que sus padres ceden ante esta forma sutil de chantaje. Si me echo atrás en un momento poco propicio, mi hija sabrá que puede hacer lo que la venga en gana. El resultado de esa forma de educación puede ser otro monstruito incapaz de adaptarse en sociedad, otro despojo humano que cree poder salirse siempre con la suya; lo cual, como es evidente, nunca es así. Pero descubrirlo puede hacer de ella una inadaptada, una persona infeliz o una sociópata. Y no estoy dispuesto a consentir eso.

Quizá la linea entre disciplina y maltrato sea muy fina. Puede que sólo se pueda distinguir una de otro por la actitud con que se imparte. Entiendo que la frustración no es justificante para dar un zapatillazo a nadie, al igual que la violencia no es la forma adecuada de imponer tus ideas. Pero aún así, reclamo mi derecho como padre a dar un azote a mi hija cuando considere adecuado hacerlo. Reclamo mi derecho a imponerme por la fuerza cuando mis razones no produzcan el efecto deseado, en arras de la educación que deseo para ella. Quiero hacer de mi casa una democracia en la que el poder judicial sea efectivo, sin que el poder judicial de la sociedad pueda injerir en su aplicación. Este atropello judicial en la intimidad de mi domicilio no puede ser bueno ni para la educación de mi hija, ni para mí, ni para el resto de los padres responsables. No podemos dejar que el exceso de celo interfiera hasta el punto de que los hijos olviden el respeto y la obediencia a sus mayores, o la siguiente generación nos hará añorar los tiempos de mi abuelo, en que se trataba de usted al cabeza de familia.

Y hablando de mi abuelo: recuerdo una ocasión en que sacó a cintazos a un tío mío de casa, teniendo éste la edad que yo tengo ahora (41 años) sólo por que se le ocurrió mandar a la mierda a su madre. A mi abuelo todo el mundo le trataba de usted y nunca fue acusado de maltratador, no porque no se estilase en aquella época, sino porque era justo en sus juicios, aunque el castigo se realizaba con una vara de avellano en las manos. Desde su muerte he tenido ocasión de asistir a muchos entierros, tanto familiares como de otros conocidos; y en ninguno he visto llorar tanto y tan sinceramente a tantísima gente.

Yo, por si acaso, siguiendo el buen ejemplo de mi abuelo, me he agenciado una buena vara de avellano.