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sábado, 19 de enero de 2008

EL FIN DE UN HOMBRE, EL PRINCIPIO DE UNA LEYENDA.


Este dibujo, de Sansón en el Norte de Castilla, resume como pocas imágenes el sentimiento de cualquier aficionado al deporte, en cualquiera de sus disciplinas, ante la noticia que se producía ayer mismo: Robert James Fischer, más conocido como Bobby Fischer, ha muerto en Reykjavík, Islandia... a la asombrosa edad de 64 años... justo el número de casillas del tablero de ajedrez.

Yo que no creo en las casualidades, sino en las causalidades, pienso que un hombre que comenzó a jugar al ajedrez a los 8 años (aunque cuentan que aprendió a jugar con seis años con las instrucciones de la caja del juego), ha ido consumiendo las casillas que han conformado su vida y la pasión a la que la dedicó su portentoso cerebro, su fuerza vital y, en los últimos años, su razón.

Un dato más para alimentar su leyenda...


lunes, 7 de enero de 2008

YA CASI HE VUELTO

Tras el descanso vacacional, merecido tanto por mi esposa (a la que, por cierto, han despedido hace poco) como por mi mismo; hago intención de volver en breve a estos pagos, si la suerte y la economía me lo permiten. O sea, que me queda un poco para volver a torturar a los lectores de este blog asíduamente... aunque me temo que no será tan a menudo como lo hacía antes de este periodo de reposo, ya que mañana mismo comienzo de nuevo a trabajar (espero que en esta ocasión por una buena temporada, si la espalda me lo permite).

Para poder contaros todas las cosas nuevas que han ocurrido durante mi ausencia de estas líneas, tengo que hacer un poco de historia... bueno, más bien de prehistoria, al menos tecnológicamente hablando.

Mi primer ordenador, un Amtrad, llegó de la mano de mi tío Pepe, que al retirarlo del servicio activo, pensó que podría ser un buen principio para que su ahijada, mi hermana, se introdujera poco a poco en las nuevas tecnologías. Como casi siempre ocurre, aquella pequeña maravilla tecnológica causó furor en mi casa apenas los quince primeros días... nadie sabía cómo manejar aquel engendro excepto para cargar los dos juegos en cinta (sí, sí, en las cassettes antiguas) que habíamos heredado de aquel familiar con toda la buena intención del mundo. Así que una vez que los pequeños de la casa se hartaron de esperar a que los juegos se cargaran durante largos minutos, pude meter mano en aquel mundo desconocido para mí del lenguaje de programación basic... Por supuesto, me di el batacazo padre, pues no tenía a nadie que me enseñara y los recursos económicos para aprender aquel abracadabra no estaban a mi alcance.

Años después, alrededor del 1992 y después de haber estado trabajando como vendedor en algunas empresas del ramo de la informática, me decidí a comprar mi primer ordenador, aprovechando que la última empresa en la que había estado renovaba su parque tecnológico. Así que mi primer PC fue un pentium a 133 Mhz, que para la época ya estaba algo desfasado, pues comenzaba a carrera de los megaherzios entre Intel y AMD. No obstante, aprendí una máxima que sigo repitiendo casi a diario y que me enseñó un gurú de la informática en aquellos tiempos: Sostenía aquél amigo que aprender a manejar un ordenador era muy fácil, pues se trataba de máquinas tontas que sólo sabían decir sí o no, pero muy deprisa... y yo me consideraba lo suficientemente capacitado para engañarla, así que me embarque en un viaje de conocimiento del que aún no me he apeado.

Aquél primer ordenador dio todo lo que pudo de sí mismo en el pulso intelectual al que le sometí... y cascó, claro... en manos de un novato sin miedo a romper nada, un ordenador dura lo que puede, pero nuestros cráneos, diseñados por la naturaleza para conservar la integridad de nuestras neuronas, son más duros con diferencia.

Al poco tiempo, con unos pocos conocimientos adquiridos de lo que se podía hacer con aquellas máquinas maravillosas, y habiendo probado las mieles de la comunicación a través de Internet, decidí invertir en un buen ordenador que me permitiera seguir avanzando y aprendiendo nuevas técnicas. Mi primer ordenador nuevo, a estrenar, fue un K-6 de AMD que prometía mucho más rendimiento y fiabilidad que los microprocesadores de Intel. O al menos eso me contaron aquellos a los que pedí consejo en aquella época. Como mis conocimientos de las nuevas tecnologías se incrementaban exponencialmente, pagué mis frustraciones con aquél pobre bicho... Cuando el famoso Güindos 95 me mostraba sus impepinables pantallas azules poco antes de pararse en seco, yo amenazaba e insultaba al "chino" que vivía dentro de mi ordenador con soltarle un martillazo a desgarrapellejo para que espabilara... hasta que en un acceso de ira y mala leche, un buen día, le solté una patada que dobló completamente la carcasa de mi torre, fracturando y dividiendo por la mitad la placa base sobre la que se sustentaba todo el tinglado...

Curiosamente, aquél patadón tuvo efectos colaterales completamente inesperados y poco comunes: nunca más, repito, nunca más, se volvió a colgar. No sé si por miedo a otra agresión o porque alguna de las conexiones internas de aquellos circuitos, que estaban burlándose de mí, falleció en el impacto. Tuve aquel ordenador escacharrado en funcionamiento cerca de tres años sin una sola avería nueva. Hasta que a finales de los noventa, decidí cambiarlo de nuevo.

Esta vez, con algo más de conocimiento propio, elegí uno a uno los componentes de mi nueva maravilla: un K-7 con placa Gigabyte GA-7DXR recién salida al mercado (tanto que tuve que pedirla por Internet a la fábrica, ya que aún no había llegado a España) con soporte para 8 discos duros de 8 gigas... La rehostia para aquella época... teniendo en cuenta que lo normal eran discos de 4 gigas o así; el pepino que me compre a cachos era lo más de lo más en aquellos tiempos.

Y ése ha sido mi compañero hasta la semana pasada. Después de ayudarme a migrar de güindos a linux, de conocer como nadie mis secretos, mis escritos, mis ligues cibernéticos, mis amistades hechas a través de la red y de convivir con algunos portátiles muchos más avanzados que él mismo; después de verse relegado a morir poco a poco en el abandono de la casa de mis padres cuando decidí casarme; después de verse resucitado y funcionando a pleno rendimiento gracias al software libre. Después de todas ésas vicisitudes; el otro día, antes de volver a conectarme tras las vacaciones, decidí hacerle una limpieza general y adecentarlo un poquito, que tenía los ventiladores con más mierda que el rabo de una vaca. Desmonté todos sus componentes. Limpié con esmero los disipadores, descarté los ventiladores viejos y los sustituí por otros nuevos. Compré nuevas pastillas de memoria (a precio de oro, por cierto, que las memorias viejas están muchísimo más caras que las nuevas y son más difíciles de encontrar que el preciado metal). Y cuando lo estaba montando de nuevo, el fatídico crack de un condensador de la fuente de alimentación me hizo sospechar que le había dado un infarto al procesador.

Efectivamente, cuando terminé de montarlo, aquello no arrancaba ni a tiros. Lo llevé a reparar y me dijeron que la placa base estaba quemada...

Os juro que se me partió el corazón. Es como si me hubiera muerto el perro... Sentí una rabia comparable a la defunción de alguien querido. Después de todo, he compartido con ésa máquina, o a través de ella, tantas cosas durante tantos años... que me hubiera gustado jubilarla como se merecía, en funcionamiento, renovada y retirada del servicio en plenitud de facultades; y no así... fallecida en acto de servicio por culpa de mi propia ineptitud.

El caso es que estoy de ocupa en el portátil viejo (que por cierto, estaba también "kaput" y he tenido que resucitar) hasta mañana, por lo menos, en que me acercaré a una tienda a desembolsar 250 euracos para montarme un nuevo ordenador que ocupe el lugar del caído en acto de servicio.

Espero que el nuevo no me de muchos problemas y pueda aguantar el servicio intensivo al que estaba sometido su antecesor...


domingo, 30 de septiembre de 2007

Escribir despacio

Hoy pensaba escribir sobre el egoísmo, sobre cuando se origina, sobre sus consecuencias y alguna cosa más... El observar a mi hija de 19 meses, que acaba de tener consciencia de la propiedad, y sin embargo, no conoce el egoísmo me producía un placer difícil de describir, tras dos largas semanas sin poder verla y sin disfrutar de sus proezas infantiles. Hasta tenía preparado un vídeo de una canción de Serrat que me venía al pelo para la ocasión.

Pero la desventaja de escribir despacio es que, a veces, los sucesos te desbordan y es necesario cambiar la orientación de un comentario para reseñar la actualidad más triste.

Y es que ayer murió una personalidad histórica muy importante para aquellos que sabemos que en el pasado está la clave para no cometer los mismos errores una y otra vez: Joan Sans Sicart.

Para quién no lo conozca, Joan Sans era un anarquista, uno de esos que se dicen libertarios, un republicano catalán e independentista. Sirvió en la guerra, como otros muchos maestros de escuela, en la 120 Brigada de la 26 División; la que se llamó Columna Durruti. Y vivía exiliado en Toulouse. Para los que hemos tenido el honor de leerle, era uno de los más grandes historiadores y novelistas de este siglo; pues gracias a él y a sus escritos hemos podido conocer de primera mano esa Historia que no cuentan los ganadores de los conflictos. La Historia de los perdedores, de los que sobreviven pese a la derrota, de los que vencen pese a las circunstancias históricas que les hacen perder las guerras.

No se puede decir que yo sea un anarquista. Ni siquiera me considero nada parecido. Ni cercano en pensamiento a ideas tan revolucionarias. Sí soy un pensador de izquierdas: pensador con minúsculas, pues la mayor parte de mis ideas políticas y sociales no son propias, sino una amalgama de pensamientos ajenos digeridos y procesados de una forma muy "sui generis" que acaban por tener multitud de contradicciones y lineas generales opuestas. Y sin embargo, la pérdida de inteligencias superiores, de personas y personajes como la que hoy lamento, me entristecen profundamente. Porque cualquier pérdida histórica es, en sí misma, la pérdida de parte de nuestra esencia; y repercute en nuestro avance hacia un futuro mejor y más claro.

Hace poco, Bito, otro bloguero hacía un comentario en su espacio sobre los sucesos acaecidos en Cataluña y la utilización política que se estaba haciendo de la quema de fotos del rey. No quisiera hacer un chiste morboso de esto, pero seguramente a Joan Sans, desde su exilio, le daría un vuelco el corazón de pensar en ello. Desde su figura pública de anarquista quizá se alegrase de estos sucesos, pero desde su figura privada, la que se vislumbra en sus novelas, lloraría por ver cómo sus nietos ideológicos comenten los mismos errores una y otra vez por no entender, por no aprender de su propia historia personal. Y eso que avisó en su última conferencia hace apenas un mes, el 30 de Agosto.

Esto me hace reflexionar lo siguiente: Da igual cuanto me esfuerce en enseñar a mi hija. Ella ha de cometer sus propios errores, sí; pero me gustaría que algunos de los que yo he cometido pudiera superarlos sin tener que sufrir sus consecuencias como yo las he sufrido. Que pasara por encima de ellos sabiendo cuales van a ser sus opciones y las circunstancias en las que se basan dichos fallos. Quizá así su camino sea un poco menos bacheado y su carrera vital un poco más rápida y agradable.

Requiescam In Pace, por fin, amigo lejano.



Dejo el vídeo que tenía preparado, aunque no tenga nada que ver con el post (es precioso).


jueves, 9 de agosto de 2007

Que no lo entiendo

Que, de verdad que no lo puedo entender...

Que no me cabe en la cabeza que alguien pueda hacer daño a una niña de 18 meses, por muy enfadado que se esté.

Que tengo una hija de casi ésa edad y tengo que contener mi instinto de correr hacia ella cada vez que se da un topetazo para no mimarla demasiado y no protegerla en exceso, convirtiéndola así en alguien demasiado dependiente.

Que es a eso a lo que te empuja el instinto, no a hacer daño a tu propia prole.

Que ni siquiera las ratas, más agresivas que el ser humano, son capaces de herir a sus crías. Ellas que entienden la agresividad como una forma de relación. Que sus encuentros y reconocimientos de jerarquía dan lugar a empujones como si se tratase de un concierto heavy; y que acaban haciendo que sus colas se enreden en nudos imposibles de desatar, muriendo de pura violencia contenida, de agobio y de frustración –lo que se ha dado en llamar “rey de ratas”- son capaces de dañar a sus retoños ni siquiera por omisión.

Que otros animales con fama de muy agresivos, como por ejemplo los diablos de Tasmania, son capaces de morir de rabia, golpeándose contra cualquier cosa antes de infligir perjuicio a sus cachorros.

Que me dan ganas de coger el mango de mi hacha y liarme a hostias con tanto hijo de puta que hay suelto por el mundo (con todo mi respeto a las prostitutas y a sus hijos, que no tienen la culpa de que en mi idioma no se conciba mayor insulto).

Que, por tanto, ¡¡¡¡ME CAGO EN LA PUTA MADRE QUE LE PARIÓ A ÉSE ENGENDRO, A SU FAMILIA Y A TODA SU RAZA!!!!

Que el suicidio no es suficiente castigo por el delito cometido.

Que tendría que haber sobrevivido para sufrir mucho y muchísimo tiempo, y aún así, no habría expiado su culpa.

Que espero que no tenga más hijos por ahí sueltos, porque los genes de ése individuo no deberían transmitirse, por el bien de la humanidad.

Que, por favor, si los tiene, alguien con autoridad condene a muerte a los engendros de ése cabrón, que su ADN debe perderse, no vaya a volver a pasar en el futuro.

Que sé que me estoy pasando, pero tengo un cabreo que no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

Que nunca he entendido cómo alguien puede abusar de su fuerza física con una mujer o un niño.

Que siempre he pensado que quien golpea a una mujer debería cortarse la mano con que cometió tamaña villanía.

Que me los dejen a mí, por favor. Sólo pido una habitación a oscuras y la posibilidad de que midan sus fuerzas contra mi rabia, a ver si así demuestran los hombres que son...

Que no puedo escribir más porque tengo las gafas empañadas de lágrimas de rabia y de ganas de dar un mordisco en la yugular al mundo entero.

Aunque sé que eso no arreglará la injusticia cometida... pero al menos igualaré el tanteo: LO PROMETO.

P.D. Por favor, si hay alguien que tenga posibilidad de llevar a cabo mi petición, que los vaya ordenando por tamaños: los más grandes primero. Y un orinal para los que esperen...

viernes, 20 de julio de 2007

Extinción sí... pero personal

Ahora que está de moda eso de ser ecologista, de preocuparse hasta la paranoia del calentamiento global y esas cosas que tanto dinero y puestos de trabajo "parásitos" dan, no estaría de más recordar algún principio básico del verdadero ecologismo: "Cualquier injerencia en un sistema ecológico altera su equilibrio". Hasta la observación de un sistema equilibrado puede afectar a dicho equilibrio. Por supuesto que todos los sistemas equilibrados tienden a la entropía y que ése mismo desorden se utiliza para mantener el equilibrio (muchos equilibrios en la misma frase... me temo que voy a dedicarme al circo en vez de a escribir, bueno, espero que se me entienda).

Pero hay desórdenes que no se pueden recuperar. Pensemos en cómo se determina el ritmo de extinción de especies por el tan de moda "calentamiento global": Se envía a un pobre becario a un prado, donde pegue el sol de plano, para que se vaya haciendo al trabajo de campo. Se le hace delimitar un metro cuadrado de pasto, y se le pone a capturar y clasificar todas las especies que pueda encontrar en tan exiguo espacio. Os aseguro que son muchas... de hecho suele tardar, por muy eficiente que sea el aprendiz, más de dos meses en identificar y recolectar; y más de seis en clasificar, contar y elaborar los informes que luego sus jefes firmarán como propios. Por supuesto este método científico tiene más de estadístico que de científico, ya que cuando el becario se arrodilla para recoger espécimenes, muchos de ellos pegan un salto y se cambian al metro cuadrado siguiente... con lo cual es difícil contarlos y se les puede dar por extinguidos... jejejejeje...

Bueno, la idea es la siguiente: ¿Que pasaría si en vez de éste método al becario le diera por vallar el metro cuadrado que le corresponde y pegarle fuego?¿Y si acabado con eficiente celeridad el trabajo encomendado su jefe le diera vía libre para continuar con el metro cuadrado siguiente?¿Quién sería el responsable?
Yo lo tengo bastante claro: ambos, el jefe y el becario son responsables de la verdadera extinción de las especies de su parcela. Tanto el que comete el crimen de facto, como el que firma responsablemente la extinción de las especies.

Pues con lo seres humanos la situación es la misma, pero más grave. Me explico:

Matar a un ser humano hace que se extinga una serie completa de genes que no sabemos qué beneficios generales darán al sistema. Cualquiera de los descendientes de ése ser humano podría haber sido el que descubriera una nueva fuente de energía, un nuevo sistema de propulsión, una cura para el cáncer, una manera de vencer al SIDA o un programa informático que nos permitiera desentrañar de una vez por todas el mapa del genoma humano. Pero ojo, si además el ser humano extinguido por el becario es además una persona culta, con opiniones propias, amante de las libertades y contraria a la violencia; las probabilidades de que estas ventajas generales para el sistema desaparezcan se multiplican hasta el infinito. El razonamiento es obvio: sus descendientes tienen parte del camino ya recorrido.

El problema importante es que, al contrario que con los bichitos del primer párrafo, la entropía del sistema no permite recuperar las condiciones necesarias para que ésa línea genética se recupere, al menos en un futuro próximo. En otras palabras: no hay bichitos humanos que salten al metro cuadrado siguiente.

Toda esta introducción, en apariencia sin sentido, me ha venido a la cabeza al leer una noticia, buena noticia para ser la excepción que confirma la regla: El hijo de la gran puta de Ricardo Cavallo va ser juzgado por crímenes contra la humanidad aquí en España. El Supremo a dictaminado, con buen criterio, que es mejor juzgarle aquí que dejarle en manos de sus amigos, de sus jefes, de los que firmaban sus informes de campo y de los que aprobaron la ley que eximía a los generales de la dictadura argentina de responsabilidades en los crímenes cometidos entre 1976 y 1983. En su parcelita de la la escuela superior de mecánica de la armada, este becario, junto a sus amiguitos, extinguió a 30.000 bichitos humanos... ahí es nada...
En siete años 30.000 personas... 4.286 personas al año... doce personas diarias... una cada dos horas, sin contar los descansos de comer y dormir. Lo que me extraña es que la fiscalía sólo pida 21.000 años de cárcel al responsable de esta extinción en masa. Ojalá que sea porque algunos bichitos saltaron al metro cuadrado siguiente...

martes, 26 de junio de 2007

SEÑOR DIOS Y JEFE NUESTRO...

Tengo muchas cosas que contar nuevas. Pero lo primero es lo primero: Abre aquí una nueva ventana.
Hoy todo el mundo habla de ello. Como veterano del curso 458 (E.T. 61702), quiero dedicar este post a los compañeros de la BRIPAC caidos en el Líbano. No quiero entrar en consideraciones políticas, porque la muerte no tiene colores ni afiliación. No quiero entrar en patrioterismos ni en orgullos trasnochados que puedan vincularse con ninguna tendencia ideológica. Porque la muerte no entiende de banderas, ni de himnos ni tiene patria, ni familia ni seres queridos que esperan volver a verte pronto. Porque lo hecho, hecho está y no se puede cambiar el curso del tiempo ni las decisiones tomadas.
Pero todo ello no me impide sentir. Y siento mucho, como en carne propia, la pérdida sufrida por las familias de los soldados muertos, sean de la nacionalidad que sean. En este caso más, ya que me siento identificado por mi pasado con ellos. Los soldados no pueden, ni deben, entrar en las polémicas que se suscitan sobre la conveniencia de las acciones que realizan. Por desgracia, en este mundo, aún son necesarios. Aunque me parecen males menores lo de las "misiones de paz", lo importante es que van donde les mandan a cumplir con la misión encomendada. Y punto.


ORACIÓN PARACAIDISTA



Señor Dios y jefe nuestro,

ante el puesto difícil
que elegimos voluntariamente
venimos a ti
porque queremos ser el mejor soldado de la patria;
porque tenemos sentido del riesgo,
cara a la muerte.
porque nos sacude el alma
ante un abismo abierto
con su grata incertidumbre.
Te pedimos señor,
luz para proyectarla
sobre el autentico valor de la vida
cuando se gane o se pierda en aras del deber.
Serenidad que sujete nuestros ánimos
ante el vértigo del instinto y del mundo.
Optimismo espiritual
para conseguir que sean nuestros
el valor,
amor al sacrificio,
dureza,
fortaleza,
generosidad
y autentico compañerismo.
Y esperanza en que tu, dios padre,
creador de todas las cosas
estés en el aire y en el suelo
para abrazarnos, curar la herida
o recoger nuestra alma.
Así sea.

VÍDEO DE MANIOBRAS



DE MI BANDERA



RECUERDO DEL ACUARTELAMIENTO